CRONICA

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Confesiones de un abuelo

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En sus lozanos años de infancia, al abuelo, los domingos por la mañana, lo sentaban en su sillita de madera, delante del televisor, para que engatusado por la ficticia ilusión animada, que por aquella caja salía, fuera comiendo poco a poco su taza de leche con cereales.

Me recuerdo, sentado, frente aquel mueble, soportando apenas al desesperado Popeye que irracionalmente trataba de salvar a aquella escuchimizada histérica llamada Olivia, de las garras de Brutus. Y digo, irracionalmente, por que nunca entendí cómo le podía gustar chica semejante.

Tampoco se salvaba la cursi Mimí, que le hacía la vida imposible al ratón Mickey con sus estúpidos antojos de niña pija americana.
El abuelo, en su corta edad, ya veía su futuro lleno de traumas sexuales, por culpa de la leche, los cereales, la televisión y la manía de su madre de dejarlo sólo delante de esa nefasta pantalla ...”para que se fuera espabilando”.

La tierna tortura de los dibujitos animados, casi me llevó a la locura hasta que un domingo por la mañana apareció ELLA.

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No podía creer que semejante belleza, apareciera de repente de un tintero y me guiñara el ojo con su pícara sonrisa. Betty Boop era su nombre, personaje añorado de dibujos animados que me traspasó el corazón.
Un flechazo a primera vista que derritió la taza, la leche, los cereales y la cuchara.

Desde aquel día, el abuelo fue otro niño.
Descubrió que las mujeres existían. Que iban con vestidos ceñidos que resaltaban aquellas mareantes curvas que nunca se acababan.
Que calzaban tacones altos y lucían unas esbeltas piernas ajamonadas y estaban de “toma pan y aquí moja”.

Por eso, al abuelo siempre le gustaron las “Betty Boops”. Por eso al abuelo siempre gustaron los aviones americanos de la segunda guerra mundial, con sus pin ups sonrientes, pintadas en sus fuselajes.

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Saludos

Forums:
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Interesante artículo Johnny, digno de ser publicado.
Saludos.-

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Confesiones de un abuelo (Segunda parte)

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El tiempo de felicidad pasó rápidamente y una mañana de domingo, cuando esperaba con impaciencia la aparición de mi Betty, entre tibias cucharadas de cereales con leche, ésta me dejó en la estacada, como suelen hacerlo las mujeres, sin un adiós, sin un esperanzador volveré, de McArthur.
Betty Boop ya no apareció más por la tele.

Sentí la angustia del que se le acaban las vacaciones de verano.
Sentí la soledad del que hace guardia en la garita de la muerte.
Y sentí la desesperación del que pierde sus gallumbos cuando regresa el marido.

Fue, el primer trauma de mi infancia y por culpa de Félix el gato.
Si, por su culpa, pués ese gato de pelaje negro, ojos blancos, y sonrisa “profident”, sustituyó a mi Betty Boop en las mañanas infantiles de los domingos.
Desde entonces, no puedo ver a los gatos y menos si son negros.

Para los más jóvenes que no habéis conocido la tele en blanco y negro, y que no sabéis quién es el susodicho Félix el gato (Se la tengo jurada), os diré que es el abuelo de Sonix y creo que también de Doraimon, el cual heredó de su abuelo, su bolso mágico.
Los gatos son muy promiscuos.

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El abuelo buscó a Betty por todos lados. En el cole, pero las maestras no daban la talla y las compis eran seres de otra galaxia. En los tebeos (cómics), mucho Superman, Batman, Flecha Rota, Archie, pero de Betty Boop, nada de nada, hasta dudé de mi mismo y llegué a pensar si la embriagante visión no fue un producto de algún cereal en mal estado.

Y entonces, el abuelo hizo el descubrimiento más importante de toda su vida y que ha experimentado frecuentemente desde siempre: La mano de alguien, mueve nuestra cuna.

IMAGE(http://img716.imageshack.us/img716/8233/nenet.jpg)

Caí enfermo, no recuerdo si por falta de Betty o por un resfriado, no importa, lo importante es que mi madre, ante mi deteriorado estado de salud, decidió que “el nene se queda en la cama”.
Pasaron las horas y de repente empecé a oir unas voces en la habitación de al lado. No eran las de mi madre, pero se parecía mucho.

Como el abuelo siempre ha sido aventurero y hombre de pocos miedos desde la infancia, fui a ver que era todo aquello. Abrí la puerta y entré de sopetón en la habitación contigua, encontrando a una mujer sin falda, con tacones altos, medias negras y todo lo que os podáis imaginar de rodillas para arriba. Cuando me vio, me sonrió exclamando: “Que ricura de nene”, me cogió en brazos y me apretó fuerte contra su pecho, que ya no quiero acordarme, llenándome la cara de besos.
La miré fijamente y le dije: “Betty Boop”.
Ella echó a reír, dándome más besos.
Mi madre hacía vestidos para las "Betty Boops" y yo enfermaba de vez en cuando. Si.
La cuna no la movemos nosotros, la mueven desde arriba!!

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Saludos

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

Imagen de Brigada_Spanish

Mira Johnny, ¿sabes quien es?, ¡¡¡efectivamente es Betty Boop en carne y hueso!!!.

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Bueno en realidad es Helen Kane, una cantante de los años 20-30, que acabó convertida en uno de los iconos mas grandes del mundo del comic.

Aunque según he leído, en realidad Betty Boop nació siendo un perro caniche francés que iba acompañado de otro perro llamado Bimbo, posteriormente el personaje se fue humanizando hasta convertirse en la Betty que todos conocemos.

IMAGE(http://img684.imageshack.us/img684/2766/bettybimbo.jpg)

Helen Kane fue la primera que cantó la famosa canción “I Wanna Be Loved by You” que posteriormente cantó e inmortalizó Marilyn Monroe, pero en realidad esta canción es de Helen Kane y tuvo mucho más éxito que la mismísima Marilyn Monroe.
Saludos.-

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Imagen de johnny

La información es exacta, Brigada.
Betty Boop comenzó como una caricatura de la cantante Helen Kane .
El personaje fue creado originalmente como un antropomorfo caniche francés, con las orejas largas, apareciendo por primera vez en Dizzy Dishes (1930), un corto dentro de los Talkartoons que eran una serie de dibujos animados. Más adelante, Betty evolucionó a su forma habitual.

Por cierto, al principio Betty tenía un compañero llamado Bimbo, que desapareció misteriosamente de su camerino. Sólo encontraron en el suelo un charco de leche con cereales.
El portero del estudio declaró que alrededor de esa hora, sólo vio salir un bebé con un puro en la boca.
En fin cosas de la historia de Betty que no encontrarás en la wiki.

La última vez que vi a Betty fue en 1988, en la peli ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Estaba encantadora como siempre.
Puedes encontrar 22 animaciones de Betty Boop de Dominio Público disponibles en el Internet Archive: http://archive.org/index.php

Hace tiempo uní en You Tube a mis dos personajes favoritos: Betty y Gruocho.

Ya os he contado cómo conocí a Betty.
A Groucho (Julius, para los amigos), también lo conocí hace tiempo...pero esa es otra historia que el abuelo contará en su momento, si se le permite.

Saludos

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

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GROUCHO Y YO

A Groucho le conocí una calurosa tarde de cine. Me llevó mi padre. Tenía yo por aquel entonces unos siete u ocho años, no recuerdo bien. Era domingo y fue la primera y la última vez que mi padre me llevó a ver esa increíble sábana blanca, colgada de una pared al final de una sala llena de butacas.

La última, por que mi padre no aguantaba a los niños.
Recuerdo perfectamente a mi padre, por haber convivido con él durante treinta años. Era un aventurero. Hoy estaba en el campo de aviación arreglando motores y el sábado se iba a trescientos kilómetros selva adentro, a montar un alternador de unos padres misioneros y volver, con suerte (para mi) el domingo y jugar conmigo. En el fondo, creo que no jugaba conmigo, creo que jugaba él con mis juguetes.

A pesar de ser un hombre con un carácter extrovertido y amable, cuando se veía rodeado de mocosos, desaparecía con su puro y su vaso de whisky en mano. En fin.

Recuerdo perfectamente la sesión. Mi padre al lado, más tieso que un palo. Las luces del cine aún abiertas y los niños...¿niños digo?...eran verdaderos cherokees gritando a pleno pulmón a punto de cortar alguna cabellera.
Con la emoción del ambiente, uno se contagia de su entorno, del alma colectiva que allí gravita, abrumadora, agobiante para mi padre; salvaje, libertaria, para mi y poniéndome de pie sobre la butaca, me convertí por unos segundos en un cherokee, tal vez el jefe de los cherokees a la vista del grito que lancé.

Tuve suficiente con la mirada de mi padre, aquella mirada me atravesó como un sable del séptimo de caballería. Ese día murió el indio que habita en cada uno de nosotros, el buen salvaje, asesinado por las oscuras pupilas de mi padre, que se me antojaron como dos negros cañones de sendos Colt 45. Y después Groucho.

No podía apartar mi vista de aquel hombre que se movía por la pantalla, con unos extravagantes andares, fumando un habano y que decía cosas incomprensibles para mi.
Me divertí mucho cuando Chico tocó el piano. Las caras de Harpo me hacían reír. Del resto de la peli, no me entré de nada, pero Groucho, Groucho entró en mi, como entraba John Wayne en el saloon de Shinbone, pegando una patada a la puerta, rifle en mano.

Al finalizar la sesión, mi padre me preguntó si me había gustado la peli. Respondí afirmativamente. También preguntó quién de los personajes me había gustado más, y yo le dije, el capitán.
Se llama Groucho, me respondió. Groucho Marx.

Desde aquél día y a lo largo de mi vida, Groucho fue como un maestro.
Me enseñó el arte de la esgrima dialéctica y resucitó al indio que murió dentro de mi.

Saludos.

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

Imagen de Rockeye

Confesiones de un abuelo

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En sus lozanos años de infancia, al abuelo, los domingos por la mañana, lo sentaban en su sillita de madera, delante del televisor, para que engatusado por la ficticia ilusión animada, que por aquella caja salía, fuera comiendo poco a poco su taza de leche con cereales.

Me recuerdo, sentado, frente aquel mueble, soportando apenas al desesperado Popeye que irracionalmente trataba de salvar a aquella escuchimizada histérica llamada Olivia, de las garras de Brutus. Y digo, irracionalmente, por que nunca entendí cómo le podía gustar chica semejante.

Tampoco se salvaba la cursi Mimí, que le hacía la vida imposible al ratón Mickey con sus estúpidos antojos de niña pija americana.
El abuelo, en su corta edad, ya veía su futuro lleno de traumas sexuales, por culpa de la leche, los cereales, la televisión y la manía de su madre de dejarlo sólo delante de esa nefasta pantalla ...”para que se fuera espabilando”.

La tierna tortura de los dibujitos animados, casi me llevó a la locura hasta que un domingo por la mañana apareció ELLA.

IMAGE(http://img405.imageshack.us/img405/4403/boop9.jpg)

No podía creer que semejante belleza, apareciera de repente de un tintero y me guiñara el ojo con su pícara sonrisa. Betty Boop era su nombre, personaje añorado de dibujos animados que me traspasó el corazón.
Un flechazo a primera vista que derritió la taza, la leche, los cereales y la cuchara.

Desde aquel día, el abuelo fue otro niño.
Descubrió que las mujeres existían. Que iban con vestidos ceñidos que resaltaban aquellas mareantes curvas que nunca se acababan.
Que calzaban tacones altos y lucían unas esbeltas piernas ajamonadas y estaban de “toma pan y aquí moja”.

Por eso, al abuelo siempre le gustaron las “Betty Boops”. Por eso al abuelo siempre gustaron los aviones americanos de la segunda guerra mundial, con sus pin ups sonrientes, pintadas en sus fuselajes.

IMAGE(http://img189.imageshack.us/img189/2506/sentimental20journey20n.jpg)

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Saludos

Sabes Johnny? Llevo algún tiempo pensando en hacerme un tatuaje y qué "pintarme". Pues creo que ya sé cual va a ser el tema... Un dibujo que hubiera llevado algún piloto mítico en su aparato Biggrin

Me ayudáis?

Imagen de johnny

EL TATTOO DE ROCKEYE
Hola Rockeye, quisiera habarte un poco del tema del tatuaje (Tattoo). Es muy interesante y se ha puesto muy de moda llevar un dibujo en la piél, gracias a varios programas de TV como " L.A.Ink" de Discovery Max.
A mi, personalmente me gustan los Tottoos y en su día puse un link aquí:

http://www.proyecto-alfa.net/cms/foros/mensajes/off-topic/tatoo/

Cero que el tema del tatuaje es que has de tomar una desición seria, es decir, el tatuaje es para siempre y si te lo pones te mueres con él, te guste o no. Por ello hay que plantearse primero si en realidad deseas con "fervor legionario" tener un tatuaje en la piél. Si eso ya lo tienes decidido y asumido, viene la segunda consideración: El tipo de tattoo que más desees.

Esto es lo más difícil ya que los hay muy bonitos, pero si te fijas en los programas, todo el que quiere tatuarse es por una razón personal, una historia que lleva adentro. Creo que nadie ha salido ahí diciendo "Voy a ponerme este dibujo por que me queda lindo". Yo personalmente, no me pondría un tattoo por que queda lindo sinó por que forma parte de mi historia, de mi vida y si queda lido de paso, tanto mejor.

Por ejemplo, tengo la historia de la Betty Boob y quedaría bien:
IMAGE(http://img208.imageshack.us/img208/630/bettybooptattoo.jpg)

Si quieres una pin up en tu piél, lo tercero sería consultar con la parienta. Smile Por que si te presentas con algo así :o puede que haya más que palabras. Y si no tienes parienta :roll: bueno piensa en el futuro y búscate una que sea comprensiva. En fin, yo te lo advierto por experiencia :lol::lol::lol:

Bueno, bromas a parte, de tatoos con pin ups, en internet hay miles. Así que lo siguiente es escoger a un buen tatuador, a un buen artista, que te enseñe sus trabajos en la piél de la gente. No son baratos pero es fundamental que despúes de tanta decisión no caer en manos de un chapucero y te desgracie el lienzo.

Fíjate en su estilo. Los hay que le gustan más lo heavy, esos que te ponen calaveras y muerte por todos los sitios. Los hay que son más clásicos, que saben darle volumen con las sombras y suelen tatuar elementos florales de color y todo. Fíjate si el artista, sabe combinar bien los colores, no sea que te ponga un "Picasso" y parezcas el payaso de la tele.

Y finalmente, mira su estudio, su mesa de trabajo. Si está "completa", llena de colores ordenados y limpia. Que sea ordenado significa que tiene las ideas claras de lo que te va a hacer. Que antes de "pincharte" te haga un dibujo lo más exacto posible o le das tu uno.
Y sobre todo QUE SEA LIMPIO te juegas la vida. Que las agujas te las saque de una bolsita esterilizada. Ya todo el mundo lo hace, pero siempre puede haber algún cafre que intente esa salvajada de decirte que "no passa naaaa, colega".

Saludos

Posdata:

Aquí tienes una que está preparada para lanzar sus "bombas":

IMAGE(http://img507.imageshack.us/img507/6387/airpin.jpg)

Y en gris:

IMAGE(http://img838.imageshack.us/img838/6708/airpinbn.jpg)

....Truco para que la parienta no te mate: Ponle su cara :lol::lol::lol:

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

Imagen de johnny

PIN UPS PORN
Aquí te dejo mi pequeña colección de fotos porno de mis pin ups preferidas... por cierto que de tanto mirarlas ya están un poco "quemadas"

IMAGE(http://img801.imageshack.us/img801/1426/bonessu.jpg)

8)8)8)8)8)

Saludos

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

Imagen de Brigada_Spanish

Bueno Rockeye también te puede poner un tatuaje de pegatina, con ese no hay problema Lol
Yo paso de ponerme ningún tatuaje, de nunca me han gustado. Ahora están de moda y muchos jóvenes tienen tatuajes, tanto hombres como mujeres, pero las modas pasan y luego ¿qué hacemos?
Hay una forma de quitarte los tatuajes y es con láser, dándote unas pocas de sesiones.
Saludos.-

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Imagen de Rockeye

Pues si. Hay que considerar que esto del tatoo es algo para toda la vida, pero supongo que puesto en algún lugar donde siempre quede oculto fácilmente con la ropa, no veo un gran problema, ni se me ocurren razones como para arrepentirme. De momento tendré que esperar a tener un poco de más soltura económica, pero la idea del tema va a ser ese que os decía.

Saludos.

Imagen de johnny

Como ves, Rockeye, esto es un tema muy personal. Lo de ocultar el tattoo, bueno, no se, tuve un amigo americano, de origen mexicano, que estuvo en la guerra de Vietnam y tenía un tattoo militar en el hombro, pero nunca lo enseñaba, decía que su vida había cambiado y que el tattooo ya no significaba nada para él. Tenía una historia un poco terrible y lo conocí en un "Cofee house" que era frecuentado por muchos americanos.

Por otro lado, tengo otro amigo que fue legionario, sargento instructor y este tiene los dos brazos llenos, pero los tattoos no son bonitos, son los típicos de la legión y está muy orgulloso de llevarlos. No le llamamos por su nombre sinó por su mote, "Pegatinas", a veces le llamamos "10", pero esa es otra historia.

Creo que lo más importante de todo es la historia que tengas. La historia de tu vida es todo en el tattoo, algo que te ha conmovido o que ha sido muy importante en tu vida y por eso lo puedes llevar para siempre.

Es mi humilde opinión, aunque no siempre es así, tengo una prima que tiene un tatuaje en la espalda, bonito y curioso, pero se lo hizo por que a ella le gustó simplemente.

En última instancia, te lo puedes hacer con un producto que se llama IMAGE(henna) y dura entre una y dos semanas.

Saludos

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

Imagen de johnny

Mientras esparamos el Tatuaje de Rockeye os pongo una canción
:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D

Saludos

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

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Afición a las armas

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Confieso que la afición por las armas me viene desde pequeño, desde que tengo uso de razón, mejor dicho, desde que era un ser completamente irracional o sea, sin uso de razón alguna y apenas alcanzaba el metro de altura.
Todo empezó con el bote de Toddy. Toddy era una maravillosa poción mágica, con sabor a chocolate, que me daba mi mamá, disuelto en la leche y que para mi era como las espinacas de Popeye. Yo sin mi vaso de Toddy no funcionaba. Eso hace ya más de cincuenta años y os juro por la pipa de Caballo Loco que aún recuerdo su sabor.

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Una mañana mi mamá abrió una lata y apareció un soldado americano de plástico verde. Era mi primer soldado. Buen soldado que demostró su valentía montando guardia por las noches debajo de mi almohada. Me sentía seguro bajo su protección.

IMAGE(http://img694.imageshack.us/img694/1235/solvo.jpg)

Admito que se me quedó olvidado en lo más profundo de mi memoria, pero le recordé al ver la película Toy Story. No puedo decir gran cosa de él, sólo que un día apareció destrozado por las malas artes de Boby, mi perro. Creo que fue cosa de celos.
A Boby lo mandé arrestado a hacer guardia su garita de madera. Duró poco el arresto, por que Boby era un perro listo que hablaba con la mirada y su mirada enternecía. Recuperó rápidamente su estatus familiar.

Os hablaba de mi temprana afición. No en vano hacía sólo nueve años que había terminado la segunda guerra mundial y ese desastre caló en la cultura de los pueblos, como cala el frío y la humedad, cuando haces guardia en la garita de la muerte, en una noche de invierno.
Los juguetes, que guardo en mi memória, eran casi todos bélicos, excepto la bici y los patinetes de hierro.
Los recuerdo con sana nostalgia. El llanero solitario, con su blanco caballo; el zorro con su caballo negro; soldados americanos e ingleses (por supuesto) de plástico a granel; indios, cañones, tanques, aviones...pero lo que más recuerdo fue un rifle Winchester que mi padre me regaló, que disparaba unas balas de goma impulsadas por la explosión de un fulminante.

IMAGE(http://img62.imageshack.us/img62/6908/winmf.jpg)

Cuando los amigos de mis padres, venían con sus hijos a casa y nos dejaban solos en el jardín, creo recordar que sufría una transformación radical parecida a la que describe Robert Louis Stevenson en su novela, el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
El Winchester hacía estragos, y por mucho que se escondieran, acababan en mi punto de mira. Ah, recuerdos de infancia!!. Algo debió de ocurrir en alguna de aquellas salvajes reuniones de cacería humana, ya que mi padre no volvió a comprar más fulminantes. Tengo una laguna en mi memoria que no me deja recordar.

Por otra parte, mi...digamos, ilustración infantil, también tenía la misma influencia. Aprendí a leer con los ahora llamados “cómix”, Supermán, El Llanero Solitario, Tomahawk, y cuando llegué aquí me acompañaron las Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín, El Capitán Trueno, Zarpa de acero... pero en contra de lo que puedan decir los modermos pedagogos, soy un hombre no violento, más bien pacífico al que le gusta más argumentar y negociar que imponer.

IMAGE(http://img29.imageshack.us/img29/7454/hazx.jpg)

Tal vez fue labor de los hermanos maristas del colegio de Nuestra Señora de Chiquinquirá o de los padres escolapios o tal vez fue obra de aquellos maestros, que no profesores, que me enseñaron algo más allá de las asignaturas, no se, tal vez fue... Groucho Marx.

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Saludos.

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

Imagen de Brigada_Spanish

Como siempre magnifico relato, felicidades Johnny.
Saludos.-

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Maemía, Johnny. Eres un crac jeje
A ver si cuando empecemos a funcionar de nuevo, te metes en el TS y echamos unas partidas y te conozco por lo menos de voz Lol

Saludos Alferos!

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Mi Winchester réplica
Ya os conté que mi primer arma (de juguete) fue ese fantástico Winchester que mi papá me regaló siendo yo un niño, un tanto alocado. Es que cuando aún eres un niño, pasas por profundas crisis y metamorfosis psico-físicas que sólo tu sufres y la mayoría de veces eres un incomprendido, por varias razones, sobre todo por que a los ocho años, no te sabes explicar, ni argumentar tu defensa como un buen Perry Mason, sólo sabes poner ojos de cordero a medio degollar, para intentar ablandar el corazón de tu juez o a lo sumo te pones a llorar.

El abuelo nunca lloró, y la carita de cordero pasó pronto su efecto enternecedor, así que el abuelo tuvo que espabilar desde pequeño y buscarse la vida cuando mi padre hizo desaparecer por arte de birlibirloque mi querido Winchester, para no tener que escuchar más mis peticiones diarias de munición. Muerto el perro, muerta la rabia.
Así que, de la noche a la mañana me encontré en plena Edad de Piedra, en el Neolítico, es decir que mis únicas armas eran las piedras y palos que encontraba por los jardines.

Vivía en Maracaibo, una maravillosa ciudad que siempre recuerdo con nostalgia, cerca de la plaza de la Independencia, donde aprendí a ir en bicicleta sin las ruedecitas traseras que tanto odiaba, por que el abuelo ya de niño, suspiraba ser mayor.
Hoy, donde antaño fue mi casa, se levanta un rascacielos sin pudor, sede de un banco en la Avenida Bellavista. Detrás de mi casa, en mi jardín, se levantaban tres enormes árboles de los cuales uno era frutal. Llegada la temporada, de ese árbol caían los sabrosos mangos que tanto me gustaban y a riesgo de sufrir un golpe en la cabeza, montaba guardia bajo su sombra para atrapar la codiciada fruta. En esos árboles y en otros de sus alrededores, moraban ciertos “bichos” como les nombraba mi mamá. Esos “bichos” eran el enemigo.

Mis piedras no llegaban hasta lo alto de las ramas y las burlonas iguanas se reían de mi, de mi mala puntería y escasa fuerza. Pero, hasta el hombre de Neandertal tuvo un cerebro y yo, como buen primitivo empecé a usarlo.
Aún no había leído a Von Clausewitz ni a Sir Basil Henry Liddell Hart pero el abuelo era un estratega nato, desde su infancia. Utilicé el miedo irracional de mi mamá hacia los “bichos” a mi favor.

Como años más tarde leí: “Descubre el punto más débil de tu enemigo y atacalo con todas tus fuerzas”. "Un ejército victorioso opera en la linea que menos se espera" Así que “invitaba” a mi mamá a recoger los mangos y cuando estaba sentada bajo el árbol, alimentaba su imaginación, no a base de ricos mangos, si no de espeluznantes “bichos” que podían abalanzarse sobre ella desde arriba, en cualquier momento...y yo, desarmado, sin mi Winchester, sin poder asustarlos, sin poder defenderla. Si tuviera mi Winchester, me dedicaría a abatirlos.

No sólo apareció el Winchester, sinó también los fulminantes y mi mamá y yo, ese día, comimos mangos por un tubo, bajo la promesa de no montar nunca, las grotescas cacerías humanas con mis amiguitos. Caballo Loco, firmó la paz y enterró su hacha de guerra. Conservaron sus cabelleras y yo mi Winchester.

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Este es el abuelo, con su querido Winchester. Maracaibo 1963.

Saludos.

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LA LUNA
Cierto día, pasó frente de mi casa, una camioneta publicitaria que anunciaba la emisión de una película al aire libre. No recuerdo cuál era la empresa en cuestión, pero debía ser una de esas multinacionales americanas que se dedicaban ha hacer ese tipo de publicidad en los años 60.
Lo que si recuerdo era la película: Destino la Luna, una peli serie B de los años 50.

Llegado el momento, mis padres y yo, nos presentamos en la finca y nos ubicamos lo mejor posible con nuestras sillas, ya que todo el mundo tenía que llevar su silla y vimos la peli.
Nunca me había planteado ninguna cuestión sobre nuestro satélite. Para mi, era sólo algo lejano que formaba parte de la decoración celeste y carecía de importancia, era algo como las anodinas moscas que vuelan por la calle y no les prestas la menor atención.

Pero desde aquel día, la Luna me la miré de otra forma. Y en las noches de luna llena, cuando la Luna se asemejaba a un “fuerte de plata” (moneda venezolana que corresponde a cinco bolívares) le preguntaba a mis padres, si había gente allá arriba, por qué la Luna no caía a la Tierra, por qué era más grande, por qué brillaba tanto, por qué.... Mis padres me miraban y sonrriendo me decían: “Cuando seas mayor, lo comprenderás”.
Y comprendí.

La Luna, cuando está en su plenitud, me regala la vida, me siento felíz y salto de contento. Me dan ganas de correr por el campo, que se me antoja claro como el día. Mi sonrisa se refleja en su cara. Su luz como caricias, resbala por mi piel hasta entonces adormecida. Y todo es maravilla. En el campo nocturno descubro nuevos olores, fragancias que embriagan mi corazón, nuevos sonidos, cantos de grillos enloquecidos en busca de ardientes aventuras, y...aullo, aullo de alegría.

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Saludos

IMAGE(http://i569.photobucket.com/albums/ss132/jrocaesc/MOSKI2_zpsoerzthco.jpg)

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MARTE
La primera vez que vi Marte, era un puntito rojo en el oscuro cielo, como una pequeña bolita que vibraba a causa de nuestra atmósfera. Así lo veía a través de un telescopio tipo Newton que un buen amigo me dejó, durante las vacaciones de verano.

Por aquel entonces, ya era un joven que se devanaba los sesos haciendo el bachillerato, mientras buscaba desesperadamente a mi Betty entre la multitud de compañeras, pero ni por esas, no había suerte. Además en ese lejano tiempo de luces y sombras, las compis iban a misa cada domingo, acompañadas de sus madres y las ajamonadas Bettys que a mi me gustaban...esas sólo las veía en verano, achicharrándose en la playa.

Una vez salí con una, puesto que por aquel tiempo, el abuelo ya había peleado con Clausewitz y empezaba a apracticar las clásicas técnicas de flanqueo que tanto nos gustaban a Napoleón y a mi. Además, yo como Napoleón, no perdía el tiempo. El verano pasa rápido. Te digo, tenía los mismos problemas que Napoleón en sus campañas.

Armado de suficiente valor y encomendado a Marte, el dios de la guerra, maniobré con elegancia y astucia hasta la codiciada presa que yacía sobre una toalla turística, prestada por el hotelito de turno. Fue un éxito, a pesar del extraño idioma que hablaba, creí entender que era de Suecia.
Salimos a cenar y nos comimos un pollo más frito que yo, en “Don Pollo”, un cuchitril que daban palomas para comer. En esos años de estudio, era más pobre que ahora.

Napoleón sus cañones, yo mi sangría de aguardiente de garrafón industrial.
Al segundo vaso, la Betty ya comía de mi mano y de la mano la tuve que acompañar a su hotel.
Desastre. Me pasé de dosis y además, la pobre parecía una gamba en la parrilla, menuda faena, no había por dónde cogerla.

Allí perdi Cuba y las Filipinas...aunque años más tarde, salí con Ivón, una morenaza cubana, con la que recuperamos el honor y la Habana.
Desde aquel encuentro, cuando me hablan de Marte, me viene a mi mente la imagen de una sueca asada por el Sol. Cosas de psiquitría, supongo. Es que la mente de un pobre licántropo es complicada.

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Saludos.

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BROTHERS IN ARMS
Eramos varios, cuatro cabras y un licántropo de entre quince y dieciséis años que durante las vacaciones de verano nos reuníamos. Esa era mi cuadrilla, un grupo salvaje con aficiones comunes.
Nuestras armas, las clásicas carabinas de balines, marca El Gamo. La primera carabina que tuve en mis manos, era de uno de mis compis. Su hermano menor no le daba al gatillo, su cabra interior estaba domesticada, más bien dormida y no venía a los “raids” que montábamos en busca de caza.

Si, si, ya se. La caza con carabina está prohibida. Pero, hablo de los años setenta, de un pueblo lejos de la gran ciudad, en el campo inhabitado, de extensiones de terreno... eran otros tiempos. Para tener una carabina, sólo la comprabas en “la tienda de deportes” del pueblo, nada más y con la caja de 500 balines de copa, te pasabas medio verano que no molestabas a tus padres.

Después de los “Juegos Reunidos” de las tardes, cuando la temperatura veraniega se hacía más tolerable salíamos a disparar. Montábamos nuestras dianas, chapas de refrescos, palitos de helados,
y algún que otro soldado de plástico que por traidor acababa vilmente fusilado. Una vez, recuerdo que una vieja muñeca de la hermana de uno, acabó también fusilada entre risas histéricas.
Después de la puntería, la caza. Ahí entraba todo, pero había excepciones. No disparabamos ni a perros, ni gatos, ni tordos, ni gilgueros. Eso estaba prohibido.

Recuerdo que el trofeo más grande se lo llevó un compi con más reflejos, que tuvo la suerte de pegarle a un conejo. A veces las cabras son rapidísimas y mi herramienta era de las malas, hasta que por reyes mis padres me regalaron una Gamo Statical.
La Statical es muy precisa debido a que la cámara y el cañón se deslizan por unos raíles para amortiguar el retroceso. Es el famoso sistema Gamo Static. Me convertí en el siguiente verano, en el rey de las cabras. Aún conservo esa joya de buen acero. No hay que abandonar una buena herramienta; aun que esté anticuada, la podemos cuidar e incluso reformar.

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A unos tres kilómetros del pueblo, montaña adentro, había un gran estanque. Era cuadrado como una piscina, de unos 10 o 12 metros de largo por 10 o 12 de ancho y unos 6 metros de profundidad.
Nunca he sabido por qué estaba eso allí, entre la montaña. Era un depósito de agua a medio llenar donde vivían las ranas y bebían los pájaros. Ese era nuestro coto de caza. Nos escondíamos en línea, camuflados entre la maleza y no tardaban en aparecer los apreciados pajarillos que comíamos después.

Una tarde, mientras acechábamos agazapados, apareció el mancebo de la farmacia con una señora y nos ofrecieron un espectáculo taurino. No había toros, pero si cuernos por medio. En mitad del festejo, me salió el licántropo que con indulgencia tolero, y lancé un espeluznante aullido que hasta los cabras se espantaron. Al salir del pavoroso trance, me di cuenta de la gilipollez cometida y arrancamos montaña abajo, lanzando risotadas y gritos de guerra cherokee ávidos de cabelleras. Los piés tocaban mi culo de tanto correr. Jamás en mi vida he vuelto hacer los 300 metros obstáculos mirando hacia atrás.

No volvimos en todo el mes por aquél lugar y la farmacia no la pisé en años. A la señora, por desgracia la tenía que ver todos los domingos por la mañana, en misa. Cosas de la religión, supongo. Es que al final, me gustaba ir a misa. Domine obiscum, in saecula saeculorum. Amen.

Saludos.

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EDAD INSENSATA
Ciertamente, con el paso del tiempo, las cosas van cambiando, pero no es el tiempo quién las cambia, sinó algunos empeñados en complicarnos la vida. Tanto es así que, si nos fijamos en lo que se llama la “mayoría de edad”, es todo un despropósito y lo he puesto entre comillas, por que ese eufemismo es todo un disparate.

En España, la “mayoría de edad” se alcanza a los 18 años.
Es decir, 18 años es la edad, según el legislador, que una persona es responsable de sus actos ante la comunidad, según nuestras leyes. Pero, el legislador permite que un “menor de edad” pueda tener una licencia de armas, comprarla y disparar, siempre que vaya acompañado de un adulto durante la utilización del arma de fuego, pero si tiene 13 años, ese “menor” puede “echar un polvete” sin el menor reparo y sin que vaya acompañado de un adulto durante el acto, aún que lo habitual es que acaba acompañado de un adulto, para su desgracia.

Lo más extraño aún, en el Vaticano, se puede “echar el polvete” a los 12 años.
Después de una noche de insomnio y extrañas pesadillas, aún no he averiguado si en el Vaticano, es el de 12 años que “echa el polvete” o se lo echan a él. Terrible. Por otra parte, ¿Echan polvos en el Vaticano?. Siempre pensé que no. Qué engañados nos tenían. Picaruelos ellos.

Hablemos de más vicios.
Aquí no puedes comprar tabaco hasta los 18. Otra locura.
El tabaco, hasta los 180 años, por lo menos!!. O sino, veamos el ejemplo:
Voy ha hacer un “vermut” con mis amigos, los cabras y me apetece comprar unas latitas de mejillones y berberechos gallegos, los mejores. Y en el lineal del super, me encuentro que todas las latitas tienen un aviso: “Comer mejillones es perjudicial para la salud. Produce cáncer de cólon debido al alto contenido de asfalto. Art. nº 666”. ¿Las compro?.
Sin comentarios.

Siempre he sido un hombre de negocios, y para ello he intentado estar siempre en los zapatos de mi interlocutor, para comprender su punto de vista y sus propuestas. El negocio es el negocio. Sin embargo, me ha sido del todo imposible ponerme en la mente del legislador. Parece ser que donde acaba la lógica, empieza el pensamiento legislativo.

Ah! Si tienes más de 70, no vas a la cárcel. Ya me queda poco!!

Saludos.

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600
Os comentaba en el anterior post, lo de la mayoría de edad.
Recuerdo cuando cumplí la susodicha edad, por que fue cuando me saqué el carné de conducir y cuando tuve mi primer coche, un Seat 600 de color rojo con una banda lateral blanca al estilo Starsky y Hutch. Un seiscientos que pasaba por “trucao” gracias al petardeo del tubo de escape, modificado en el taller Internacional, que era el único taller mecánico del pueblo.

Cuatro cabras y un licántropo con el orgullo enardecido, por el “autochoque” de feria y su ruido ensordecedor, que ampliaban su radio acción, como pelotón mecanizado, frecuentando las “discoteques” lejanas a las que aún no había llegado nuestra mala fama.

En aquellos lejanos años de la prehistoria juvenil, a cualquier cosa con cuatro ruedas y un volante se le llamaba coche. La lata de sardinas, no tenía ni ABS, ni Dirección Asistida, ni Airbag, ni Aire Acondicionado, ni GPS y no recuerdo si llevaba cinturones de seguridad, por que no eran obligatorios.

Pero no os asustéis, por esas carreteras a medio asfaltar, de curvas peraltadas al revés, puentes estrechos y arcenes inexistentes, circulaban pocos “coches”: Citroen Dos Caballos, Simca 1000, Seat 124 y otras andróminas del mismo estilo. Los coches, los verdaderos coches estaban fuera de nuestro alcance.
Eran tiempos lejanos, de escasas luces y largas sombras, aún así, se hicieron maravillas como la permanente de las mujeres, los pantanos, la Seguridad Social, las inyecciones de alcanfor o el coche que funciona con agua, que es algo como el Unicornio medieval que alguien lo tiene tan escondido que se ha convertido en un mito.

Los terribles petardeos de aquella lata de sardinas, que bramaba como un Toro Rosso de fin de semana, fue punto de mira de los municipales, cuya misión ordenada por el cabo, era la de acabar con el molesto estruendo nucturno.
Como éramos pocos en el pueblo y todos nos conocíamos, el cabo habló con un municipal, el municipal habló con mi padre, mi padre habló conmigo y yo hablé con el mecánico, un verdadero genio, candidato al premio Nobel de física, que diseñó un artilugio comandado con una palanca para suavizar el ruido. Así burlamos a mi padre, al municipal y a su cabo gracias a la inexistencia de la ITV y al invento del profesor Franz de Copenhague.

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Saludos.

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Si señor, entonces si que había bueno mecánicos ingeniosos. ¡Ahhhh Johnny! se te olvidó nombrar al famoso Gordini, llamado el coche de las viudas jaajaj.
Yo me enseñé a conducir en un 600 que tenías mi padre de color azul, luego me compre un Renault 4 de color crema de tres marchas jajaja impresionante.
Saludos.-

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ISLA DE MAN
La isla de Man, es una isla minúscula ubicada en el Mar de Irlanda entre Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda, es una Dependencia de la Corona Británica, pero en términos formales, no pertenece al Reino Unido ni a la Unión Europea, tiene su propio parlamento y es, en éste momento, uno de los paraísos fiscales mas interesantes.

Pero no os hablaré de economía, ni de política, os hablaré de una competición de motos que se celebra allí, desde el año 1907: El Tourist Trophy, Isle of Man TT o Manx TT.

Es la carrera más dura del mundo sobre un recorrido de 10 vueltas a un circuito de unos 25,5 kilómetros. A lo largo de cien años, 1907-2007, más de 240 pilotos han perdido la vida en esta infernal carrera. Es una carrera sin ley: no hay límite de velocidad, porque no existe en la vida normal y se alcanzan velocidades de más de 173 millas por hora (278 Km por hora).

La Man TT, es para hombres forjados en la velocidad, amantes de la dura adrenalida, centauros curtidos bajo el peligro constante de falta de red, a pelo, con un par de pelotas y una buena dosis de inconsciencia. Nada que ver con los niños pijos de los “Grandes” premios de motociclismo. Ya no surgen corredores así. Los provoca la Isla de Man. A vida o muerte. (O brigado MrMotoRiders):

Los cabras eran rápidos, veloces y yo no podía ir detrás, siempre en cabeza. Así que cuando nos aficionamos a las motos, por culpa de Angel Nieto, tenía que ir rápido como el rayo. Mi prestigio como jefe de la manada estaba siempre en juego. Nuestras monturas: Derbi Coyote 49cc, Ducati 50 TS y la mía, una Montesa Impala de 125 cc y dos tiempos, una verdadera correcaminos.

No quiero comentar, las auténticas majaderías que hacíamos con aquellas burras que a lo largo del tiempo, quedaron todas destrozadas. Recuerdo que un día me salí de una curva, por un camino de tierra y aterricé sobre una vid, con las ruedas colgando. En fin, rotura de clavícula izquierda y eso que no llevábamos casco. No era obligatorio. Con los años, pasaron algunas motos más, como la Matador, de segunda mano y acabé con una gloriosa en 1991, Kawasaki ZZR 600cc. Hasta que me casé y ….se acabó la locura “juvenil”, con la boda y gracias a mi parienta, llegué a la mayoría de edad. A los 38 años y sin moto. Lo que hace el amor!!

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El abuelo en sus años de juventud en 1991.

Saludos.

Postdata: Bogdan, of my eyes they jumped tears .. recollections of youth.

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Tu también eres de la quinta del seiscientos, Brigada Smile Creo que todos empezamos con él. Era un buen cochecito, aún que se calentaba mucho en las cuestas.
No recuerdo bien el Gordini, supongo que es el Renault Clio RS Gordini pero me acuerdo perfectamente del "cuatro latas" que me comentas. Del Seat 600, pasé al Simca 1000. Pasé de una lata con dos puertas, a otra de cuatro y con una cilindrada mayor. Por cierto, he de dar la razón a una canción "inhumana" de los años 80 que hablaba de ese coche, lo se por experiencia, los respaldos de los asientos no se abatían...en fin, del Simca 1000 , pasé al Seat 1430, blanco con unas bandas rojas laterales y tubo de escape "trucado" para el chulesco petardeo fardón. Continuaba sin haber ITV y esto era Disneylandia en blanco y negro. Ese ya empezaba a ser un coche con sus 75 CV de potencia. Acabó fuera de la cuneta por rotura de los tornillos que sujetaban la caja de dirección. Lo podía haber arreglado pero, lo di como entrada al comprarme otro coche: El Volkswagen Passat Diesel 1500 y 50 CV. Color gris. Un auténtico tragamillas.
Un coche verdaderamente fiable. Una maravilla del que sólo puedo hablar bien de él. Me supo mal venderlo, años después, por que ha sido uno de los mejores coche que he tenido.
Después del Volkswagen, he tenido varios más, algunos de mi propiedad y otros de la propiedad de distintas multinacionales en las que he trabajado, que también me dejaban su coche para mi uso personal.
Ahora tengo tres. Un Seat Toledo segunda generación (el bueno) gris plata, Diesel de 1.9 litros que está como nuevo a pesar de sus 175.000 Kms y va fino como el primer día.
Un Skoda Octavia de tercera generación con la nueva plataforma MQB de Volkswagen. Hace un año que lo tengo, nada que decir, por el momento un buen coche, nada extraordinario, fiable 75.000 Kms hasta hoy.
Un Mercedes Benz E 320 CDI Classic, 2987 cc y 224 CV de potencia, automático. Un coche para los abuelos que aún dan batalla :roll: No le meto caña que me tiene que durar hasta la jubilación, por lo menos, pero con la crisis, ya veremos lo que dura :cry: La guerra es la guerra.

Saludos

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UNA CHICA YÉ-YÉ
Los abuelos como yo, los de mi quinta, los que hicimos la mili con lanzas ya sabemos lo que significa el término “yé-yé”. Tal vez, fue el primero de los muchos términos que pasaron por nuestras vidas. Éste en concreto se refería a las chicas “modernas” y luego, más tarde pasó a formar parte de la descripción de chicos de aspecto romántico e inocente, estudiantes con pelo largo que reflejaban su estilo, en los grupos musicales de moda, tales como Los Brincos, El Dúo Dinámico, Los Diablos o Fórmula V.

Hablemos de las chicas. En España, abundaba la chica tradicional, modosita, de misa dominical, preparada para ser la perfecta ama de casa, con falda hasta los tobillos o media caña, según el colegio al que iban. Si, las recuerdo perfectamente, por que yo, como os comenté anteriomente, buscaba con insistencia aquella que me dejó fundido cuando era un infante, la Betty Boob, claro.

No recuerdo bien cómo fue la metamorfosis. Se produjo rápidamente, sobre todo en aquellas zonas costeras que se vieron invadidas por el masivo turismo veraniego. También el cambiazo fue influido por la música llamada pop y sobre todo por la forma de bailar de las chicas...eso sí que me dolió, yo estaba a gusto “agarrao” a una de ellas...oliendo su colonia “Lavanda Puig” o los inconfundibles polvos talco de su sobaquina...cuando de repente gritaron los Brincos.

Adiós Manuela... hasta luego Lucas!!.

Ella por aquí y yo por allá. ¿Quién bailaba con quién? Ella por un lado, yo por el otro. Mucho movimiento de cadera, mucha falda por encima de la rodilla, pero con la lejanía... la rodeaban los moscones por que ella, era ya una chica yé-yé. Una Rita Pavone a la española, una moderna que dejó de ir a misa, para acabar en los guateques que hacíamos. (Eso de los “guateques", ahora lo explico) para finalmente acabar en manos de un italiano de discoteque con sombrero blanco y pantalones con tirantes. Vamos, entre Al Capone y Fraga, y ante esas dos figuras, uno no tiene nada que hacer.

Un inciso. El llamado guateque, fue un frustrado intento, para retirar de la circulación a la chati que te interesaba. Es decir, con tus amigos, montabas una fiesta en la casa de uno, con música de tocadiscos (Es eso que aún conservan vuestros padres o abuelos encima de la columna musical, al que se le coloca un plato negro que va a 45 rpm. o 33 rpm. si el plato es pequeño y que fue sustituido por el CD). Además había colas, naranjadas y un poco de alcohol ( el más barato).
Normalmente había algún apagón, sobre todo cuando no estaban los padres, y allí pasaban cosas terribles como bofetadas, risas y gritos que dejarían helado al mismísimo hombre lobo.
Pero nada indecente, aún eramos yé-yés. Las chatis, al final acabaron todas en las discos, menos peligro y más dónde elegir. Así que el guateque pasó rápidamente de moda.

Lo que son las cosas, en España lo del yé-yé fue en cierto modo reprimido (se cuenta que en concierto de los Beatles en Madrid en 1965 multitud de chicas fueron amonestadas por la policía por «vestir provocativamente»), sin ir más lejos, la primera vez que mi padre vió a los Beatles por la tele, me comentó: “Con esas voces y esos pelos parecen chicas, no se a dónde iremos a parar”.

Saludos.

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LA DISCO
Que razón tenías, papá. No se a dónde hemos ido a parar, ...con lo fáciles que eran las cosas en aquellos tiempos de blanco y negro...ahora, todo es de color, los aviones, la ropa, la tele...hasta los gallumbos son de colores, papá.

En fin...recuerdo la primera discoteque que entré, me arrastraron los cabras que acababa de conocer. Los cabras eran compis del cole y algún que otro hermano adosado por ósmosis familiar. Un poco alocados si que eran, por eso eran cabras.

Mi costero pueblo fue fácil objetivo turístico y los turistas, además del sol, la playa, el torito de felpa, el sombrero cordobés y el tablao flamenco, encontró en nuestro pueblo la discoteque, la boite o discoteca, como hoy la nombramos...Pacha, Number One, Tennessee, Play Boy, Play Girl, Yuca, Atlándida...y otras tantas, tan pequeñas que, eran viejos sótanos travestidos, de viejas casas de pueblo.

Hasta allí me arrastraron esos locos.
Pachá una vieja casa de campo con la cara lavada y transformada en un centro de tortura psicológica digno del proyecto Mk-Ultra.
Los megadecibelios rebotaban en las paredes y en nuestros vírgenes tímpanos, las luces estroboscópicas afectaban a nuestra visión de modo intermitente de tal forma que no necesitabas de nada para alucinar y la bebida, puro garrafón industrial.

Allí un cabra me confesó su escondida homosexualidad y la hermana de uno de ellos, su amor.
No se cuál de las dos fue la más espeluznante.
Yo, apoyado en la barra, estuve a punto de confesar mi licantropía al barman. Aterrador.
Por suerte corrí al servicio y me encerré en el cubil, donde uno se desahoga de lo peor de su cuerpo, pegando el grito de licántropo más enérgico que jamás haya ejecutado. El servicio quedó inmediatamente vacío del sospechoso tráfico que por allí se producía. El acojonamiento fue general, hasta yo mismo quedé sorprendido y maravillado. Recuerdo vagamente que minutos más tarde se presentó una ambulancia, alguien dijo que en el "water" había alguno muriéndose de sobredosis.

Al final de la magistral velada, cada uno marchó en silencio hacia su casa, no reconociendo los hechos ocurridos. Amnesia post traumática total.

Saludos.

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LA VIDA SECRETA DE TINTIN

El abuelo descubrió a Tintín en sus años de tierna juventud, gracias a los agotadores deberes que nos imponían los profesores, mientras ejercía su profesión de alumno en la Orden de los clérigos regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (Ordo Clericorum Regularium pauperum Matris Dei Scholarum Piarum, Sch. P. o S. P.), más conocidos como “Los Escolapios”. Allí hice una buena parte del Bachillerato, hasta el cuarto grado. Después prosiguió sus estudios en un I.N.E.M hasta C.O.U.

En aquellos años de incienso y mirra, no existían los ordenadores, ni Internet, ni Sant Google por lo que la sabiduría universal estaba concentrada en las llamadas “Bibliotecas Populares” que era como un templo, lleno de estanterías repletas de libros. Allí pasaba el tiempo el abuelo, haciendo los dichosos deberes, en silencio sepulcral.

De vez en cuando, alzaba la vista para ver quién se sentaba frente a mi, por que habitualmente, algunas niñas del Colegio de Nuestra Señora de la Merced, más conocidas por “Las Mercedarias” venían a hacer sus deberes y eso era una ocasión que el abuelo no desaprovechaba nunca, a pesar de su tierna edad.

La biblioteca de mi pueblo era grande, con varios pisos y salas de lectura que recorría después de los deberes, en busca de libros que me pudieran interesar.
Allí, mi mente devoró a los clásicos españoles y franceses por obligación, pero también los libros de Emilio Salgari con su pirata Sandokán, Enid Blyton con las aventuras de Los Cinco y Los siete secretos, Sir Arthur Conan Doyle con su dedective Sherlock Holmes y otros tantos, entre ellos Hergé con su joven reportero Tintín.

Hablemos de Tintín, ya que parece ser que es un personaje que interesa a más de uno.
Después de leer varias de sus aventuras, lo primero que me llamó la atención fue la ausencia total de mujeres, compañeras o amigas con la excepción de la cantante de ópera Doña Castafiore y de una forma muy exporádica, la mujer del coronel Alcázar, Peggy Alcázar, en "Tintín y los Pícaros", su última obra acabada en 1976.

Me preguntaba ¿Cómo es que Tintín nunca tuvo un encuentro, aunque fuera simplemente amistoso, con una chica de su misma edad? Me resultaba sumamente extraño.
Por otra parte, Tintín no viaja solo, tiene un acompañante, un perro, que bautizó como Milou (Milú en la versión castellana). Milú no queda totalmente definido, no sabemos con seguridad su sexo (aunque aparece con lazos rosa en La estrella misteriosa), pero sí conocemos que su nombre proviene de la primera novia de Hergé.
Quizá darle ese nombre al acompañante de Tintín sirviera para que, de una forma secreta, hubiera una extraña relación entre ellos, ya que Milú se comporta como un ser humano, con el que habla y al que parece entender. Es una posibilidad y una pista que seguí, pero que, desafortunadamente llevaba a un callejón sin salida.

Por otro lado, Tintín conoce a un marinero maduro, con el que entabla una buena amistad. El capitán de navío mercante Haddock y siempre se les ven juntos desde su primer encuentro en “El cangrejo de las pinzas de oro”. Sospeché que este hecho podría ser una pista sobre una supuesta homosexualidad de Tintín.

Después de leer todos los libros, desistí de la idea. Haddock podía ser un borracho que ahoga sus penas en el alcohol, pero nada más, a pesar que no puede separarse de él.
“Tú por lo menos puedes salvarte. Vale más que haya una víctima que dos. ¡Corta la cuerda!” le grita Haddock a Tintín en “Tintín en el Tíbet” pero Tintín es incapaz de hacerlo. ¿Quién no ha tenido un gran amigo, un hermano que nunca te dejará en la estacada?. ¿ Haddock gay?. Imposible.

Entonces todas mis sospechas recayeron el la Castafiore. ¿Estás seguro, Johnny? Eso no puede ser. Me repetía una y otra vez. La Castafiore parece tener una cierta admiración por el capitán Haddock, aún que a él no le gusta como canta...pero mi buen amigo Sherlock ya me lo advirtió: "Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."
Por si esto no fuera suficiente, añadió: "Las mujeres son secretistas por naturaleza, y les gusta practicar el secreto por su cuenta." El círculo se iba cerrando.

Años después, mis sospechas sobre Las aventuras de Tintín y la Castafiore, fueron confirmadas por una larga conversacíón y unas fotografías que me mostraron los agentes de la Interpol, los hermanos Hernández y Fernández. Lo que en verdad ocurría es que a Tintín le gustaban las señoras maduras.

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Saludos.

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LOS CLÁSICOS ESPAÑOLES
Conocí a los cásicos de la literatura española por obligación y no por devoción. En los escolapios, el profesor de literatura era el director y a la vez el padre confesor. No quiero decir su nombre, aún que sé que el ilustre ya falleció hace años, pero sí diré su alias o apodo con el que todos lo conocíamos: “Tirofijo”.

Tirofijo se ganó su sobrenombre a pulso, mejor dicho, a golpe de muñeca, debido a una frecuente y obsesiva maniobra que realizaba durante la clase.
De vez en cuando, el hombre se levantaba de su asiento para escribir en la pizarra algo importante relacionado con la lección que tratábamos. Mientras hablaba y escribía de espaldas a nosotros, se giraba de forma rápida e imprevista, clavando su buena vista al que estaba distraído o charlando con un compañero y en décimas de segundo lanzaba con toda su fuerza, el trozo de tiza a la cabeza del pobre infortunado, acertando siempre por muy lejos que estuviera el alumno.

He visto con mis propios ojos, acertarle entre ceja y ceja, a una distancia de diez filas de pupitres, a un pobre escolar descuidado. Pero no acababa ahí la cosa. El infortunado alumno, marcado con un punto blanco en su cabeza, era castigado a permanecer de rodillas sobre el estrado, de cara a la pared. Eso no implicaba nada. De vez en cuando era preguntado por Tirofijo y el condenado tenía que repetir como un loro la última frase del ilustre profesor, si no, se quedaba sin recreo presentando al final de éste, la famosa frase escrita cien veces: “Callaré en clase”.

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Tirofijo fue también, nuestro padre confesor. Auténtico fiscal, digno de la serie Perry Mason. Un santo inquisidor, un genuino Bernardo Gui, que urgaba en los recovecos de tu alma, utilizando las más bajas artimañas que pudiéramos imaginar. Lo peor de la galaxia. Inteligente, falso, manipulador y entrometido. Una tortura cuando entrabas en el confesionario.

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Pero gracias a Tirofijo, hoy me conozco a los clásicos españoles como si fueran componentes de mi propia família, llegando incluso a recitar de memória algunos versos y párrafos de algunas de sus obras. Es curioso como funciona nuestro cerebro “under pressure”.

No puedo acabar este evocador post, sin hacer mención de un profe, esta vez laico, que era también otro de los “duros” de la escuela. El profe de literatura francesa, Paul. Lo llamábamos por su nombre, no tenía mote. Le gustaba dar coscorrones y retorcer orejas cuando no te sabías la pregunta. También disfrutaba insultando al alumno, calificándolo de enano, energúmeno, cafre, animal de bellota y otras lindezas, cuando se erraba o se era impreciso en la respuesta.

Murió de cáncer hace años, era un gran fumador y la nicotina impregnaba el ambiente educativo del aula. Así era el sistema pedagógico en la década medieval de los sesenta en mi pueblo, supongo que lindezas educativas como esas, era lo normal en esa época.

No os quiero aburrir, contando lo mal que me lo pasaba con esta asignatura, mejor dicho, con el ambiente enrarecido por el terror y la nicotina y con aquel profesor parecido a un Robespierre que nos dejaba la cabeza llena de chichones, las orejas como las del Sr. Spock y nos guillotinaba a todos con su afilada lengua.

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Tuvimos que traducir al catellano, varios libros de los clásicos franceses, cada uno un libro distinto para que no hubieran escaqueos, ni copiadas. No había “El rincón de los vagos” de internet, por lo que la biblioteca era mi segunda casa, mi cuartel de invierno. Un libro que recuerdo y guardo en el rincón más profundo de mi alma fue la biografía de Napoleón, escrita por André Maurois. La tuve que leer en francés y hacer un resumen. Gracias al profe de literatura francesa me encontré con Napoleón y allí nació mi interés por la estratégia.

Saludos.

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EL DIABLO
Hacía cuarto de Bachillerato y corrió el ácido rumor que el hermano Patricio era maricón, si, tal como suena. La palabra “gay” aún no había aparecido en nuestro vulgar léxico y “homosexual” era un término casi profesional, utilizado por la gente culta, cosa muy lejana a nosotros.

El hermano Patricio, no ejercía de profesor, se dedicaba a las cosas más domésticas como comprar, fregar el suelo, quitar el polvo y a la hora del recreo, abría la ventana de su caseta desde donde nos vendía refrescos, croasanes y ensaimadas.

El rumor se extendió como el aceite e inevitablemente llegó hasta los oídos de Tirofijo.
El miércoles, día de confesión, Tirofijo empleó todas sus tácticas de interrogación para saber el origen del bulo. Los de cuarto, éramos los mayores en aquél sacerdotal establecimiento, por lo que su iracundo sondeo ahondó aún más en nuestras tiernas almas.
No fui de los primeros en comprobar la ira de Dios, reconcentrada en su mala leche.

En aquél confesionario se manifestaba el mismísimo diablo, que hablaba por boca de Tirofijo pronunciando terribles advertencias e intimidaciones. De vez en cuando, salía de su oscuro cubil con la cara desencajada y arrastraba al infortunado presunto, cogido por la oreja dictándole la penitencia hasta un rincón sombrío de la iglesia, postrándolo de rodillas.

El terror se apoderó de la clase, nuestra alma colectiva era una olla a presión con los garbanzos pasados de cocción a punto de reventar, sólo hacía falta un suspiro para la inevitable explosión.

Y me toco a mi. Arrodillado, con la angustia de un condenado a muerte, esperé la evangélica y tradicional frase “Ave María purísima” pero en vez de eso, os juro por la venerable pipa de Caballo Loco que creí oir que me decía: “Hola, Johnny, ¿Cómo estás?” Y de forma coloquial, casi en plan Makinavaja le respondí: “Acojonado, padre”.

Un silencio sepulcral se apoderó de la hermita y la olla reventó, como revienta un coche bomba en un mercado de Bagdad o un obús en Siria. El confesionario se puso a temblar, Tirofijo daba patadas a la puerta y gruñía como un poseso. Creo que aquel hombre petó allí, a pié del cañón, como los buenos soldados. Miré por la rejilla que nos separaba, y lo que vi desencadenó mi licantropía.

Lancé un pavoroso grito, salí corriendo. Tras de mi todo el mundo desertó, hasta los pobres amedrantados penitentes del rincón más lejano. El caos se extendió por el cole y minutos después apareció una ambulancia que se llevó a Tirofijo al hospital. No lo volvimos a ver más por el cole, ni a él ni al hermano Patricio.

Después de explicarle a mi padre el espeluznante episodio sacramental, sentenció: “Hijo mío, el mayor triunfo del diablo es haber convencido al mundo de su inexistencia. Con frecuencia lo encuentrás en el fondo del alma de los más puros”.

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Saludos

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BIBLIOTECA

Al abuelo le gusta la estrategia desde sus años mozos, cuando hacía su bachillerato.
Ya he comentado desde el post (http://www.proyecto-alfa.net/cms/foros/mensajes/off-topic/cronica/) o desde mi Blog (http://cronicasdeunabuelo.blogspot.com.es/) que tuve que traducir y hacer un resumen de la vida de Napoleón y desde aquel forzoso hecho me entró un gusanillo por el tema.

Tuve una gran suerte de tener en mi pueblo, una biblioteca sumamente amplia y vasta en libros de todo tipo, entre los que descubrí verdaderas joyas que devoraba con mucha pasión e impaciencia.
Así que, procuraba ir deprisa en mis deberes para poder leer aquellos que no me permitían llevarlos a casa.

He de puntualizar una cosa sorprendente de esa biblioteca. Había libros que no estaban catalogados en el fichero general y algunos de ellos eran insólitos, tales como una enciclopedia de la Masonería, un sensacional volumen que la bibliotecaria me quitó de las manos a medio leer, alegando que ese no era libro para un joven.

También recuerdo un libro sobre ocultismo e hipnotismo (No sé por que esos dos temas iban juntos en un solo libro), el capítulo sobre hipnotismo me interesó muchísimo ya que por aquel tiempo me entró también una vena por lo oriental, a manos de Tuesday Lobsang Rampa (Cyril Henry Hoskin). Aprendí el llamado “Método francés” de hipnosis que lo aplicaba a mis amigos que hacían de conejillos de indias y más adelante, cuando iba al instituto leí un libro del profesor Caycedo que “inventó” un método que denominó Sofrología. No dejaba de ser una hipnosis normal y corriente. Recuerdo haber leído también en la biblioteca, unos artículos un tipo que se autodenominaba profesor Fassman, que algunos tildaban de charlatán pero, era un excelente hipnólogo. Las hipnotizaba a todas. Fasscinante!!

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Saludos

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EL INSTITUTO
El Instituto fue para mi como pasar de la edad media a la revolución francesa. Fue como el sol cuando sale entre las nubes después de una tormenta. El lugar donde pasé de niño incomprendido a joven, incomprendido también.

Por primera vez las chicas aparecieron en el aula, estudiando a nuestro lado. Aún que algunas asignaturas como las mates, la física o la química, eran un hueso duro de roer, la presencia de las féminas alimentaba nuestro orgullo competitivo. A principios de los setenta, me creció la melena, el bigote y otras cosas que no quiero acordarme, y mi cuerpo mutó haciéndome parecer como el hermano menor de Paul Naschy en plena Luna llena.

Simultaneamente apareció el turismo de masas, oleadas de suecas, holandesas, inglesas y alemanas alteraron nuestras apacibles vacaciones de verano. No sólo se alteró nuestras vidas, se alteró también nuestro entorno. Las calles se llenaron de bares y restaurantes, las casas de los pescadores cambiaron su forma, convirtiendose en altas filas de apartamentos y sus hermosas barcas se transformaron en largas hileras de toldos con tumbonas llenas de guiris que se asaban como langostinos.

Tuvimos nuestra revolución cultural, no a manos de Mao o Daniel Cohn-Bendit , (“Dany el Rojo” para los amigos), como algunos temían, sino a manos del cine, la música y del turismo masivo.
De la noche a la mañana pasamos de las películas de Joselito a las de Andrés Pajares y Fernando Esteso, de los pasodobles al rock, de la sonrisa evangélica de Marisol a la descarada teta de la Nadiuska, del chato vino a la sangría garrafera y de las patatas hervidas con coliflor a la jugosa paella valenciana. Viva la revolución cultural a la española, la fiesta y el cachondeo!!

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En el Insti, conocí a los cabras, un grupo de idos a los que me adosé sin el menor reparo, sólo les miré de frente (como siempre suelo hacer) y reconocí de inmediato aquellos ojos de cordero a medio degollar y las sonrisas sarcásticas congeladas “ad eternum” en sus rostros, para saber que haría buenas migas con ellos. Impetuosos, irreflexivos, pero buena gente, gente de palabra y amigos del cachondeo.

Una vez, la profesora de química, a la que llamábamos “La metro cúbico” por que era muy bajita, expulsó al cabra Toni (el más lelo) por que no paraba de darle la matraca a una compañera, era un incordio cuando le daba por reproducirse. “La metro cúbico” le dijo: “Toni, coge la puerta y vete de clase” y el cabra del Toni desarmó la puerta por las bisagras y salió al pasillo con ella, ante el estupor de la profe y las risotadas histriónicas de la clase.
Desde aquél día, al cabra Toni le pusimos el mote de “El bisagras”. Hoy, “el bisagras” es director de una sucursal de un banco de mi pueblo y nos partimos el pecho de risa, recordando los días del Insti.

Saludos.

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LOS AÑOS 70
Los años 70, fueron años de cambio acelerado. Creo que la velocidad interior de cada uno de nosotros aumentó de forma considerable y no ha dejado de aumentar ni un sólo instante.

Si miro hacia atrás recuerdo la vida de mis abuelos, les veo casi en cámara lenta. Su tiempo transcurría sosegadamente y era mucho menos tensa que la actual. Uno de mis abuelos trabajaba en una fábrica de zapatos, pero además era músico y tocaba en una banda de jazz. El otro abuelo era albañil pero cuando finalizaba su horario laboral, se iba a cazar con su escopeta y sus perros.

Había tiempo para todo, para amar, para vivir y para morir en casa.
El tiempo de mi padre, fue un poco más rápido que el tiempo de mis abuelos pero aún así, corría a una velocidad tolerable, soportable para todos, había tiempo para sus hobbys y para la vida familiar.
Creo que en los años 70 fue cuando empezó la aceleración. La aceleración nos la impusieron desde las industrias del mercado que nos metió de lleno dentro de una centrifugadora infernal.

Aparecieron las horas extras, el trabajo a destajo, los objetivos de producción, los objetivos de venta, los descuentos, las promociones y las rebajas. Aparecieron las “necesidades” del mercado, las “necesidades” del consumidor, la “oportunidad” de negocio, el crédito, la deuta, la competitividad y el márketing que justificaron la ambición, la codicia, la usura. Todo el tiempo para la empresa, “full time”, más allá del trabajo no hay vida.

De la película del año, se pasó a las series diarias. De la canción del verano, se pasó a las listas de éxito semanales. De las gafas de “pasta” de toda la vida, se pasó al diseño de temporada. Del coche de siempre, se pasó al de la última hornada con más extras que duraba la mitad. Del gris se pasó al arco iris y de hablar vocalizando se pasó ha hablar por la nariz recortando las palabras, por que eso de decir toda una palabra completa por la nariz ocupa mucho tiempo. La prof del insti e una gili, la de mates, te da cuen? Y te tiras un pedo para reafirmar lo dicho.

Por aquellos años del principio de la centrifugación, los jóvenes de mi edad teníamos un grave problema, la mayoría no sabíamos a dónde ir para “echar un kiki”.
Ese problema era una derivada de la ruptura de aquellos principios monolíticos e inamovibles que nos impusieron con calzador desde nuestra niñez. Los que teníamos suerte, ya teníamos coche o usábamos el de nuestro padre para el fornicio semanal.
Ir a los hoteles, ni hablar, eran caros, te pedían el libro de familia y el DNI, además la ficha iba a parar al cuartel de la guardia civil. Así que, la carretera sin salida que subía a la montaña de mi pueblo era el lugar de más tráfico nocturno durante los fines de semana.

Allí ocurría de todo, hasta la coincidencia de una pareja de “novios” (como se decía entonces) en dos coches distintos, él con una y ella con otro, con la consagrada riña cuando se descubría el sainete. Los cabras eran auténticos maestros del enredo, y de la intriga, no vacilaban en sembrar maraña cuando detectaban entremés por medio para sacar tajada del entuerto.

El cabra Toni, desde ahora “el bisagras”, después de su lidia en su coche, se dedicaba, con descaro, a golpear con el puño las puertas de los demás vehículos, enfocándolos con una linterna diciendo: “Documentación. Guardia Civil” hasta que un día hubo algo más que palabras y le partieron la cara. Fue la primera vez en mi vida que vi a alguien con la cara partida, llena de sangre pero riéndose como un poseso. Siempre pensé que el bisagras tenía una doble personalidad. La suya y la del Jocker.

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Saludos.

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PLAYA Y MONTAÑA
A los cabras les gusta la montaña, ya sabéis el dicho: “La cabra tira al monte” y es verdad. A mi, como buen licántropo, también me gusta el monte pero no por los mismos motivos que los cabras.

El monte, la montaña es el territorio de pastoreo de los cabras y el vínculo que les une con el entorno es más de comunión con la naturaleza que otra cosa.
En cambio para mi, el monte es un territorio de caza, un espacio cinegético que me da ocasión de desarrollar y afinar mis sentidos e instintos.

Pero lo cierto es que coincidíamos todos, en el exquisito placer de montar una barbacoa a la hora de la comida. La carne, las setas de temporada y el vino de barrica no faltaban en aquellas evangélicas reuniones de acampada en las que, con un poco de suerte caía en nuestras manos algún conejo despistado o alguna perdíz desorientada.

Ahora, el monte está sucio, lleno de ramas muertas que nadie recoge por que ya no vive nadie en el monte. Ni se te ocurra hacer una barbacoa, que caes en desgracia y las herramientas déjalas en casa. Nada de carabinas de aire comprimido con mira telescópica y silenciador casero. Ojo con lo que haces que te vigilan desde la atalaya y que no te cojan con un vestido de camuflaje adornado con plantas protegidas, por que alegar que estás jugando al escondite con los amigos ya no cuela. A ver, los papeles, que está prohibido ir con el 4 x 4 y no acampes, que no te quiero ver por aquí.

Así que, con el transcurrir del tiempo, los que tenemos un animal dentro, hemos convertido a la ciudad en nuestro territorio de caza, es decir, cazamos en los supermercados y mercados nuestras descuartizadas piezas, limpias y empaquetadas y desarrollamos nuestro instinto de supervivencia en el último juego de ordenador, recordando con añoranza aquellos años de antaño cuando fuimos los mejores.

En cuanto a la playa, vivo en un pueblo costero de cara al mar y el culo (con perdón) a la montaña. La playa también era un territorio cinegético donde desarrollaba mis habilidades pero, las piezas a cazar eran otras. Caza mayor y más peligrosa, por las enormes y afiladas astas que algunos machos portaban, por lo que me dedicaba más a las especies migratorias del norte de Europa, menos territoriales y más abundantes en carnes.

Los cabras, que tiran más al monte, no están habituados a este tipo de terreno árido y caluroso por lo que no estaban totalmente concentrados, se los veía desorientados, aturdidos, acojonados en sus primeros intentos de atrapar a la presa, sin método. El método lo es todo, como diría Napoleón.

Para mi, la playa no era territorio extraño. No en balde había vivido más de diez años en Maracaibo (Venezuela) y allí, os aseguro, que sí hace calor. Además había traducido una biografía de Napoleón
y había leído a Von Clausewitz por lo que me daba una gran ventaja ante los cabras que alucinaban por un tubo.

Para llevar a cabo esta empresa inaudita hay que tener, como dice Napoleón, una gran dosis de determinación, audacia, atrevimiento, afán de riesgo y sentido común. Y sobre todo, diría yo, picar piedra una y otra vez, es decir, ser constante.

Saludos.

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MALASANGRE
Cuando uno es un joven licántropo y empieza a cazar, a pesar de haber tenido una base teórica, no deja de ser inexperto y carece de virtuosidad en ese arte, por lo que las meteduras de pata hasta el corvejón suele ser lo habitual.

Era finales de los 70, parece que fue ayer, pero ha pasado cerca de cuarenta años, toda una vida y seguro que muchos de vosotros aún ni habíais nacido, esto da un vértigo de cojon_es.com.

Lucíamos nuestros flamantes coches, petardos de baja cilindrada, que nos acercaban hasta una discoteca ubicada en las aproximidades de nuestro pueblo. Después de la mala experiencia con la primera disco de nuestras vidas, nos acostumbramos a una no tan “heavy”. Tenía buena música y carecía de los molestos flashes, además, el pinchadiscos ( “Dijey”, en la actualidad) era un compañero del insti, gracias a él, entrábamos gratis los machos, pagando sólo la consumisión.

No era un “territorio de caza” propiamente dicho, si no de diversión, pero si alguna se ponía a tiro, siempre teníamos la escopeta cargada y ese día, la llevaba bien cargada.

Al cabo de media hora de baile indio sobre la pista, observé a poca distancia una morenaza que me miraba con cierta dedicación y atrevimiento. El bisagras me alertó sobre la gacela, e hice un movimiento de flanqueo (habitual en mi) para acercarme hasta la presa que, para más exitación, no me quitaba ojo de encima. El plan de ataque estaba en marcha y entablé contacto con una intrascendente conversación que ella pronto siguió, dándome “cancha abierta”, “permiso para aterrizar” o “suba usted a bordo que le enseñaré el barquito y todo lo que usted quiera, mi amol”.
Yo cerraba la boca para no enseñerle los afilados dientes que me crecían por el instinto desenfrenado de cazador novato y la sangre empezaba a recorrer por mis venas como si fuera un vertiginoso Ferrari descontrolado.

Sólo necesité cogerla de la mano para que el brillo de sus blancos dientes iluminara toda la sala y su belleza cegara la poca sensatez que me quedaba.
Buscamos un lugar apartado del discotequero ruido para ofrecerle lo mejor de mis zarpazos y buenos mordiscos y estando ya la cosa a punto de caramelo, me dijo la frase más cruel que jamás mujer alguna me ha lanzado a la cara, en forma de guantelete medieval: “Son tres mil, por adelantado”.

Sentí la derrota de Napoleón en Waterloo y mis venas se transformaron en un camino de cabras transitado por un fotingo de los años veinte. Se me nubló la vista y sentí el vértigo del fracaso.
El depredador cazado por su propia presa. Huí con el rabo entre las piernas, nunca mejor dicho, derrotado por aquel ángel caído que como vulgar pirata sólo deseaba mi escasa fortuna que ni tan solo ascendía al importe por ella demandado.

El bisagras, cuando se enteró del desastre, loco, medio brujo y amigo de las oscuras artes, le lanzó uno de sus males de ojo, señalándola con los dedos índice y meñique de su mano izquierda gritando a la vez: Malasangre!.

Malasangre reapareció tiempo después “trabajando” en un pequeño bar apartado del centro, convirtiéndose oficialmente en la primera puta de mi pueblo. Ese bareto, cerrado de día y abierto de noche era frecuentado por la gente más variopinta que os podáis imaginar, sobre todo por jubilados y gente extraña de la comarca, algunos llegaban a dejar sus tractores estacionados en la estrecha calle, dificultando el paso de los coches que ocasionalmente circulaban, así que habilitaron un aparcamiento justo detrás del bar y abrieron una puerta trasera para que los clientes no fueran vistos por los vecinos.

El cabra bisagras tenía sobradas ganas de lidiar con la Malasangre pero siempre nos negábamos a entrar en semejante antro, pues cuando nos acercábamos a la puerta y mirábamos en el interior, todo estaba oscuro, lleno de humo y sombras. Le decía, si está tan oscuro, es para que no reconozcas a tu abuelo, que seguro también está. El bisagras me maldecía y hasta me amenazó con meterme un paraguas por el culo y sacármelo abierto, con lo que comprendí que a los cabras hay que dejarlos sueltos como animalicos que son.

Pasaron los meses y el Bisagras sucumbió a la hermosa tentación confesándome al día siguiente, con cara de gran preocupación, que no había podido echar ojo en toda la noche, a causa de unos molestos picores en la entrepierna. Le comenté que seguro que eran ladillas, que eran como unos pequeños insectos que provenientes del anhelado pubis de la Malasangre habían aterrizado en el suyo para degustar nueva sangre, le aconsejé que visitara al médico de cabecera.

Esa noche, ni corto ni perezoso, el bisagras roció sus partes íntimas con un spray insecticida que acabó con las ladillas, los pelos y parte de la piel de sus “boleadoras”, siendo ingresado en el hospital comarcal. Hay amores que matan, sobre todo si son de alquiler.

Saludos.

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HOSPITAL
A causa de su autofumigación, el Bisagras estuvo ingresado unos cuantos días, no recuerdo exactamente cuantos pero le cogió un fin de semana por medio. Se perdió todo el cachondeo que hubo a su costa.

En aquellos años, no había prisa. Te podías quedar internado en ese recinto tan hospitalario. Normalmente eras tu el que apremiaba al galeno para que te soltara de una vez, no como ahora que te mandan a casa directamente desde el quirófano y sé de lo que hablo. El año pasado al abuelo lo operaron de apendicitis, en pleno agosto.

Si, no me encontré bien durante el día, tenía un dolor en la cintura que pensaba que era un mal “viento”, ya sabéis, algo que no acaba de salir y presiona aclamando por su libertad. A las tres de la noche, el dolor se hizo sospechosamente inaguantable y mi parienta me encajonó en urgencias. La situación me resultó familiar, era como volver a ver la escena del camarote de la película “Una noche en la ópera” de los Hermanos Marx. Urgencias estaba a reventar y yo también.

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Después de tres horas de espera pude acceder al pasillo “consultivo” por que los boxes estaban llenos de impacientes quejándose de sus respectivas dolencias. El galeno que se presentó, era un imberbe pipiolo en prácticas cuya proposición era indecente. Pretendía dar al abuelo un calmante inyectable en sus prietas partes traseras y mandarme a casa.
Suerte que el abuelo esas partes ya hace años que las tiene peladas y con callos, posee suficientes recursos para asustar a un mequetrefe aprendiz de matasanos y sólo me bastó con nombrar al jefe de oncología y hacer referencia a mi historial médico (un tomo más grueso que la Biblia) para que inmediatamente tomara la decisión de hacer un escaner abdominal. Apendicitis aguda.

Fui operado esa misma noche por el cirujano de guardia.
Epidural en la columna y asistencia en directo en primera fila del espectáculo descuartizador.
A media faena, el cirujano empezó ha hablar de su vida familiar y de los problemas con su mujer. Creo que la enfermera estaba metida en el ajo. Entuertos e infidelidades salieron a relucir como si la sala de operaciones fuera un fregadero público.

De vez en cuando, un tipo que estaba detrás de mi, me miraba y me guiñaba un ojo. No se si era que quería ligar conmigo o se cachondeaba del cirujano. Embutido en ese esterilizado burka azulado, sólo le veía los ojos. Para acabar el sainete, el cirujano no encontraba mi apéndice y pidió ayuda a otro destripador que, se presentó en el quirófano cabreado y mentando la madre de no se quién, por que ya había finalizado su turno.
Al final, entre los dos acabaron el trabajo dejando a la enfermera la labor de sutura. Parece ser que la mujer no acaba de salir de sus tradicionales labores.

Al cabo de cuarenta y seis horas estaba en casa, a pesar de mis quejas. Infección en la herida, un mes de baja y denuncia en el juzgado de guardia por la detestable incompetencia.
La justicia es lenta, cara e incierta, pero yo no me bajo del burro, los licántropos somos irrefutables en estas cuestiones y más si atañen a nuestro oficio.

Saludos.

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CUBA
Me interesé por Cuba y su historia no por que fuera una de las últimas colonias españolas, ni por Castro, ni por J.F.K sino por Ivón. Los padres de Ivón, aterrizaron en mi pueblo, llegados de yo no se dónde y se establecieron al lado de mi casa.

La primera vez que la vi, fue en una oscura mañana de invierno, cuando ella, su hermano y yo, salimos al mismo tiempo a la calle para ir al instituto. Ella hacía sexto de Bachillerato y yo COU.
Su padre era un cubano de piél tabaco, cara apergaminada y pelo cano que me examinaba de arriba a bajo cada vez que me saludaba diciéndome: “A mi hija, tu no la toques si quieres conservar las pelotas” y no me soltaba la mano, hasta que yo asentía con resignación. Su madre, una señora afable, sonreía y callaba.

Ivón era una Betty Boop a lo latino, una morenaza de piernas inacabables y de justas maracas. No andaba, bailaba a ritmo de salsa cubana. Azúcar moreno!!. Por eso, hoy soy diabético pero mis atributos siguen estando en su sitio. Para ello, tuve de desarrollar estrategias napoleónicas.

Después de analizar al enemigo, los cabras ( no hay peor enemigo que tu amigo) y sopesar la hipótesis remota de alguna traición, me decidí presentar a Ivón al grupo salvaje, no sin antes haber hablado seriamente con ellos.

Ivón no era un “amor de verano” sino algo más y si alguno se desmadraba lo tendría crudo conmigo, estaba dispuesto a sacar lo peor de mi licantropía. Por suerte, por amistad o por temor, todos prometieron no montar sainetes y entuertos de alcoba y comportarse con ella, como mandan los cánones de la decencia.

Pasaron las semanas, los meses y hasta presenté a los padres de Ivón los cabras, disfrazados de fiables estudiantes pre-universitarios, bien aseados y educados. El hermano de Ivón, se enamoró de la hermana del bisagras, cosa que había previsto, y lo tenía más entretenido que un niño con una piruleta con lo que ya no andaba con “ojo avizor” o sea que ya no estaba atento al pernal o mejor dicho, atendía con gran entusiasmo a otro pernal.

Por otra parte, el bisagras finalmente atrapó o fue atrapado por la compañera de clase a la que siempre daba la matraca y ésta se agregó al grupo. Quien la sigue, la consigue. Los otros cabras, a veces venían con alguna que estaba más lela que ellos.

Finalmente montamos el guateque en la casa de uno de los cabras por ausencia de sus padres.
La ocasión “la pintaban en calva” o sea que era el momento tan esperado...por todos.
Patatas fritas, colas, naranjadas, ganchitos, manises y la traca final propuesta por mi: Una queimada en su correspondiente cazuela de barro, elaborada con café, azúcar, limón y canela, cargada con un aguardiente de garrafón estilo orujo. Éxito asegurado.

Todo fue bien. Sonaban los Bravos, los Sirex, Joe Cooker no faltó a la fiesta con su “Womna to Woman” y de vez en cuando, saltaban los plomos de la casa, a beneficio de algunos, a pesar de cierta bofetada que sonó. Traca final, queimada a oscuras contemplando las llamas y administración homeopática del brebaje a la cubana, midiendo el efecto que hacía en ella, para salvarme de “la capa del licántropo” prometida. Cuarto oscuro y tal para cual. Devórame, corassón!

En plena faena ocurrió el desastre. Mientras yo mimaba con tesón de curandero homeopático, las dosis administradas a mi dulce “corassón-amol mío”, los cabras bebieron como cosacos y se desmadraron como siempre. El bisagras, ávido de más alcohol, asaltó la cocina y arrambló con una garrafa de vidrio, llena con lo que parecía vino.

Al regresar con su apreciado botín al comedor, sin mediar palabra, le dió un morreo al garrafón, cuba de Baco, el cual resbaló de sus manos, rompiéndose en el suelo y derramando los tropecientos litros de aceite de Jaén que contenía. El que entraba al comedor, acababa en el suelo, nadando.

Ivón y yo, nos deslizamos ventana abajo y huimos como ratas de semejante desastre, dejándola sana y salva en su casa.
No quiero contar lo que le ocurrió después al cabra anfitrión, ni al hermano de la cubana, por ser demasiado espeluznante. Sólo comentaré que hubo ruido de cinturones, sirenas de ambulancias y la revolución cubana en casa.

Saludos

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EL CAMBIO
A mediados de los setenta vino el cambio. Ivón, la cubana que no paraba de decirme corassón-amol mío, desapareció de la noche a la mañana. La perdí como se perdió Cuba, las Filipinas y el resto de las colonias. Por la hermana del bisagras me llegó la infame noticia de su partida a altas horas de la noche, debiendo sus padres varios meses del alquiler. Me lo dijo llorando, puesto que ella también perdió su amor cubano que horas antes de su partida fue débil y habló por los codos.

No sabía qué decirle, se la veía tan destrozada. Yo era mayor que ella y tenía que demostrar mi serenidad y aplomo. Las lágrimas le caían por las sonrosadas mejillas y sin pensar en lo qué realmente le decía, me salió del alma una frase de Rabindranath Tagore: "Si lloras porque el sol ha desaparecido de tu vida, tus lágrimas te impedirán contemplar las estrellas."

Hermosa frase que me salió del alma y cuando miré sus ojos, vi en el fondo de su mirada un no sé qué, que me desarmó por completo desatando al licántropo de mi interior que sin pensarlo dos veces, invitó a la caperucita roja, digo, a la hermana del bisagras, a pasar por casa a tomar una copa para aliviar el disgusto de ambos. Y allí estuvimos todo el día, consolándonos el uno al otro, entre copa y copa hasta que la tristeza se transformó en alegría, la alegría en entusiasmo y el entusiasmo en gozo.

Los cambios suelen ser a veces dramáticos, sobre todo para aquellos que piensan que nunca ocurrirán. Les suelen venir de golpe y se quedan cierto tiempo desorientados hasta que asimilan la nueva realidad y aún así no saben qué hacer ante ésta. Yo como buen general, soy flexible y me adapto a las circunstancias. Hay lo que hay...siempre tuve algo de budista.

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Saludos.

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CHAMAN
Ya os conté anteriormente cuando el bisagras se enladilló, se fumigó y quedó consecuentemente ingresado, decía que era medio brujo y no paraba de lanzar sortilegios y males de ojos a aquellos que se le atravesaban.
Era un aprendiz de brujo con muy mala leche, pues practicaba, según él, el lado oscuro del tema.

No creo en las tonterías que practicaba y cuando algo le salía bien por pura casualidad, se endiosaba y se ponía inaguantable. Un día en su habitación, me enseñó algo parecido a dos monigotes con sendas agujas clavadas, asegurándome que uno era el de mates y lo otro la de química. Era y sigue siendo un alocado, hoy más calmado por la edad y las responsabilidades.

Siempre se ponía muy pesado, acabábamos todos hablando sobre estos temas, además se ponía en plan sabelotodo, sin saber la misa la mitad. Yo por lo menos, sabía algo de hipnosis, había leído algo sobre Allan Kardec y estaba terminando de leer “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda.
Así que con esa empanada mental, tenía suficiente munición como para planear una argucia para escarmentarlo.

Con la ayuda de la Caperucita, su agraciada hermana, desarrollé el siguiente sainete.

Tenía las llaves de la antigua casa de mi abuela, en la que no vivía nadie. Era una casa de unos cien años de antigüedad que yo y Caperucita utilizabamos para ciertos menesteres que no vienen a cuento. Las ventanas de esa casa, tenían unas contraventanas exteriores de gruesa madera que eran perfectas para la artimaña.

Se trataba de invitar a los cabras, Bisagras incluido, a una ceremonia espiritista dirigida por el Chaman (Yo), con sesión de Ouija y grabación de psicofonía con una grabadora o casette de las de aquellos años, principios de los ochenta, para tener registro del evento.

Como era verano, abriría la ventana y contraventanas del salón, prepararíamos la grabadora y la Ouija sentándonos todos al rededor y cuando yo pronunciara las palabras ”Espíritu muéstrate”, Caperucita que no estaría en la reunión, debido a la excusa del miedo, desde el patio, cerraría la contraventana de golpe con todas sus fuerzas.

Así lo hice. Días antes, inflamé el ánimo del bisagras de forma tal, que creyó que la idea surgió de su prodigiosa mente, cuando le conté que en la casa de mi abuela pasaban “cosas extrañas”.
“Anda, podríamos hacer una psicosessión”, como él petulantemente decía. “Si, pero a condición de ser yo el maestro de ceremonias, ya que la casa es mía”, argumenté. El Bisagras accedió a regañadientes, sin sospechar el entremés planeado.

Quedamos para el sábado por la tarde en el bar habitual ( Era conveniente darles de beber para que fueran “bien motivados” a la sesión). Allí, entre copa y copa, el ambiente se fue caldeando hasta llegar al punto más álgido en el salón de la casa de la abuela. Abrí las ventanas y contraventanas con la excusa de airear la casa. No vi a Caperucita en el patio, cosa que me preocupó al principio, pero supuse que estaría escondida tras alguna mata.

Nos sentamos al rededor de la Ouija casera, que habíamos preparado para la ocasión, y empecé la ceremonia encendiendo algunas velas, enchufando la grabadora y pidiendo a todos máxima concentración en la copa en la que teníamos puesto el dedo. Al cabo de un rato, la copa empezó a moverse, gracias a mi esfuerzo, adquiriendo a los pocos minutos gran velocidad, cosa que me sorprendió ya que finalmente parecía correr sin mi ayuda.

Cuando menos se lo esperaban, me levanté enfervorecido y grité con todas mis fuerzas (para que Caperucita me oyera) “Manifiéstate espíritu”. Bien, no era la frase acordada pero, una de las contraventanas se cerró con gran ruido, espantando a todos.

Una de las lelas acompañantes se desmayó, el cabra Ramón (Ya os hablaré de él), fue el primero que salió corriendo hacia la salida, saltando por encima de un sofá. Tras él se formó la gran estampida.
Las lelas corrieron alocadas hacia la puerta con gritos histéricos y chocando entre ellas.

El Bisagras tenía la cara desencajada y el canguelo le recorría por la espalda. Aproveché la ocasión para dar el cambiazo a la cinta colocando otra previamente alterada, que había grabado con voz glutural de ultratumba diciendo el nombre del Bisagras.

El trabajo me costó, por que me partía el culo de risa y luchaba como un loco intentando domar a mi licántropo que bregaba por salir y sumarse a la fiesta.
Tanto esfuerzo tuve que hacer, que me saltaban las lágrimas, la boca la tenía desencajada y resoplaba como un toro, hecho que el Bisagras interpretó como posesión diabólica y el jodido huyó como un cobarde conejo, dejando a la pobre lela desmayada en el suelo.
Reí tanto que me dolió el pecho. Tuve que reanimar a la lela del shock y como caballero que soy, la acompañé a su casa sin poder parar de reír. La lela se tomó aquello como algo personal, pensando que me reía de ella.

A la mañana siguiente cuando me vió Caperucita me espetó a la cara: “Yo, a la casa de tu abuela ya no voy nunca más, ahí ya no entro”. ¿Por qué, qué te pasa? Pregunté. Y ella me respondió acojonada: “Es que no pude ir, tal como habíamos acordado y mi hermano me contó lo que pasó”.

Aún guardo la cinta original, en la que si pones atención se escucha la voz de mi abuela diciendo mi nombre. He digitalizado esa parte, la he ampliado y os aseguro que es su voz.

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Saludos.

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EL LADO OSCURO
Fue un golpe bajo del destino, una putada que aceleró lo inevitable. El “affaire”, de la casa de mi abuela asustó tanto a Caperucita que el asunto terminó enfriándose y acabamos como “buenos amigos” y cuando uno se convierte en un buen amigo de una mujer, es mejor buscarse otra.

Durante tiempo le estuve dando vueltas al tema de la ventana y oía una y otra vez la cinta grabada, primero con gran regocijo y cachondeo, y más tarde, cuando descubrí la voz de mi abuela, con lógica preocupación. Intentaba averiguar si su tono era de reproche o advertencia, pero apenas se escuchaba lo suficientemente claro para sacar alguna conclusión, sólo decía mi nombre, sin mediar sentimiento alguno.

Ahí nació un interés por el tema que conservo hasta el día de hoy, que me ha llevado a elaborar toda una teoría sobre la supervivencia de aquello que algunos llaman Alma. No os alarméis, no tengo ninguna intención de agobiaros, ni tengo vocación de prosélito misionero, además estoy entrando en un terreno de arenas movedizas como es la religión o la política y me he prometido a mi mismo de no remover esos avisperos, fútbol incluido. Sólo citaré al admirado Sherlock Holmes: “Cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad “.

Os conté que a los cabras los conocí en el instituto.
Uno de ellos era casi vecino, ya que vivía relativamente cerca de mi casa.
Ramón era el cabra en cuestión, un joven tímido que no tenía mucho éxito con las chicas.
Por regla general, era el pinchadiscos del guateque, si bien alguna vez apareció con alguna lela que le duraba menos que un caramelo a la puerta de un colegio, pero eso era casi normal, a mi tampoco me duraban mucho. Callado, anodino, apagado, iba a la rémora de todos y a veces le dábamos la espalda, sin mala intención alguna, sólo por pura sosería.

En los carnavales de 1985, Ramón nos mostró su lado oscuro.
Los carnavales de mi pueblo, son famosos en el mundo entero. Antes de los de Cádiz y los de las Canarias, aquí ya celebrábamos los carnavales desde los tiempos prehistóricos del Modernismo, si bien, nunca estuvieron tan organizados con carrozas como desde hace unos 30 años atrás. Vale, no quiero polémicas al respecto, digamos que son tan famosos como los de Cádiz o los de las Canárias.

Cada uno se disfrazaba de aquello que más le gustaba o de aquello que le era más fácil. Por supuesto mi disfraz era siempre de hombre lobo, a pesar de ya no tener Caperucita para comer.
El tema del disfraz era un secreto, nadie sabía de qué se disfrazarían los demás, yo era la excepción, claro, todos sabían que siempre era el hombre lobo aun que, eso sí, el disfraz mejoraba en calidad, año tras año.

A la hora acordada, como siempre, nos reuníamos en nuestro bar de de toda la vida, éramos asiduos parroquianos de un bar donde solían frecuentar los viejos pescadores del pueblo que, dejaban su producto a cambio de poco dinero: sardinas, gambitas, calamares, sepias.
Allí nos congregábamos alrededor de nuestra mesa favorita y a medida que llegábamos, nos pedíamos algo para picar y beber. Cuantos más éramos, más bulla y vocerío había...hasta que llegó Ramón.

Ramón se presentó en sociedad con un sombrero de oficial de las SS, chaleco de cuero negro, que enmarcaba su peludo pecho.
Pantalones cortos, con dos tallas menos, que por delante obligaba salir su contundente barriga por encima de la cintura y por detrás, le asomaba con descaro medio culo al aire.
Calcetines de lana blancos y botas de la mili, negras por supuesto.
Barba de tres días, rapao como recluta, monóculo dorado en el ojo, fusta negra entre los dientes y con una peste a Chanel nº 5 que te echaba “pa' trás”.

El silencio del bar, fue espectacular como el mismo Ramón, digno de las mejores entradas de salón de Medicine Bow, echas por Gary Cooper o John Wayne.
A los viejos marineros se les cayó la pipa de la boca y alguno se bebió su aguardiente de golpe, la atmósfera era ten tensa que si no ponía remedio, a algún marinero se le podía ir la olla ante tal espectáculo y armar la de Dios.

Hinqué una rodilla en el suelo y con los brazos abiertos le dije gritando desde lo más profundo de mi máscara: “Esto si que es tener huevos, Ramón”. A lo que él me contestó alocadamente con voz amanerada: “Llámame Ramoncín, cariño” y así empezó otra vez el bullicio y todo volvió a la normalidad. Era carnaval.

Ese día Ramón salió del armario.
Era un oso, un oso montañés, aprendiz de F.Mercury sin bigote. El grupo se llenaba de animales montañeses: cabras, lobo y ahora un oso negro.
Recordé que años atrás en unas circunstancias anómalas, dentro de una disco, Ramón ya me había advertido de su lado oscuro, pero entre la pscodelia del momento y como además nunca había echo ostentación, siempre encerrado en su solitario armario, creí casi haberlo soñado.

Desde ese día, el oso Ramoncín colgó su timidez y fue otra persona completamente distinta, alegre, ingenioso, divertido, descarado, valiente y generoso. Fue muy bien readmitido por todos y le bautizamos con sifón con su nuevo nombre, "Ramoncín" y ya nunca le dimos la espalda.

Le hicimos una nueva partida de nacimiento con una servilleta que la tiene enmarcada con orgullo en la pared de su despacho. Hoy es un abogado de prestigio que vive en la gran ciudad y pasa los “findes” y los veranos en el pueblo.

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Saludos.

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PERFUMES DE MUJER
Ramón, es hijo único, descendiente de una familia de alta alcurnia del pueblo. Según sus propias palabras, desciende de la misma pata del caballo del Cid Campeador, ya que por una parte, tiene un título nobiliario y por otra, tiene uno de los apellidos del Cid. Por respeto y por que tampoco puedo contar sus intimidades, no quiero decir gran cosa de él, sólo comentar algún detalle divertido de su
presencia dentro del grupo de los cabras.

En aquel carnaval de 1985, nació Ramoncín, su verdadera personalidad a través de un disfraz que representaba los dos lados de su propia vida. Uno de los elementos fue la exagerada rociada de Chanel nº 5 que casi nos asfixió a todos. Era el perfume preferido de su madre que lo compraba en Andorra y ella ese día tuvo dos disgustos, según me contó Ramoncín: La pérdida de su perfume y la pérdida de su niño pero sus padres finalmente adoptaron a Ramoncín en su seno, no sin antes visitar al psiquiatra para intentar remodelarlo.

En cuanto a mi, por aquella época solía usar ocasionalmente el famoso y archiconocido pachuli, en forma de aceite, que era tan especial que a las caperucitas les dejaba un doble recuerdo, hasta que una de ellas, la que hoy es mi parienta, me regaló un frasco de Brut de Faberge, por que decía que olía a pobre.

Con el tiempo, pude cambiar el jodido Brut por Gucci Envy for men, sin quejas de la parienta. Gucci Envy for men contiene un poco de pachuli que me recuerda mi alma de budista, pero como el frasco es carísimo y estamos en crisis, en la actualidad suelo ponerme los fines de semana, un par de lingotazos de Glenrothes de pura malta escocesa que me sirve entre otras cosas para escribir cómodamentre estas épicas lineas protohistóricas.

Por aquellos años de jaranera y despreocupada juventud, Ramoncín vivía cerca de la iglesia del pueblo, ubicada en un elevado baluarte cabecera del paseo marítimo. Cuando los feligreses salen de misa, suelen bajar todos por una larga y ancha escalera de cemento y piedra hasta la base del baluarte donde empieza el largo paseo y las playas.

El padre de Ramoncín, Conde de...era la única persona en todo el pueblo que poseía un antiguo Rolls-Royce Silver Wraith de 1952, un señor coche pintado en blanco y negro guardado como una joya en el garaje de su casa. Desde que Ramoncín nos enseñó el coche, no parábamos de incordiarlo para que nos lo sacara a pasear, pero su padre no se lo dejaba ni borracho.

En una de esas noches de algarabía, jarana y desorden producida por una queimada de garrafón, Ramoncín le puso huevos al asunto y sacamos el Rolls en silencio a empujones hasta la escalera de la iglesia y lo tiramos por la escalera con Ramoncín dentro de la bestia.
Felicito desde aquí, a los constructores de dicho tanque, que no sufrió daño alguno aparente y nos brindó una noche inolvidable de parranda por los inconfesables garitos de la comarca.

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Saludos.

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MILI
El abuelo hizo su mili obligatoria con veintiun años cumplidos, a causa de sus estudios, prórroga tras prórroga hasta que se acabó la bicoca. Fue otro pequeño trauma, por que ya tenía un trabajo en firme y tuve que esperar doce meses para empezar, pero el deber es el deber y más en aquellos años en los que íbamos armados con lanzas y piedras, por que en el fondo, un Cetme o un Star Z 70, no dejan de ser un tirachinas, es decir, lanzan un proyectil cuya trayectoria se verá influenciada por las layes de la balística al igual que una piedra lanzada por un tirachinas.

Historias de la puta mili, las tenemos todos los que pasamos por esa experiencia pero, lo más interesante para mi, fue ver la pluralidad de gente diversa aglomerada bajo un mismo techo y como se van formando grupos según sus afinidades. En mi compañía había unas cien personas de todas las clases, la mayoría gente normal y corriente, pero también estaban representados los que acostumbran a vivir en el límite de lo social y gente peligrosa.

Obviaré cuestiones desagradables que acontecieron durante aquellos doce meses y me referiré sólo a algunas graciosas anécdotas que sucedieron durante los seis meses que estuve en el cuartel.

En el lado sur del cuartel donde presté mis servicios, hay un montículo en cuya cima se encuentra la llamada “garita de la muerte”. Es una alejada y elevada garita en donde el viento del frío invierno hace estragos, sobre todo en los novatos a los que además, se les cuenta historias siniestras sobre dicho emplazamiento, teniendo en cuenta también que cerca de la garita está el polvorín del cuartel.

Allí termina el cuartel y más allá de la garita sólo hay alambre de espino, hasta el final de la falda del montículo. Después de la loma, a unos cien metros hay un barrio habitado por gitanos.
Una noche de intenso frío, se escucharon dos disparos de Cetme desde la garita de la muerte y el guarda no respondía cuando se le llamaba por el interfono, así que un sargento, un cabo y un soldado subieron corriendo hasta allí, encontrando al novato tendido en el suelo.

A la mañana siguiente todo el cuartel supo lo que había ocurrido durante la noche.
El novato apostado en la garita se había puesto nervioso al escuchar un incesante ruido en la alambrada.
Cargó el Cetme después de gritar las advertencias oportunas y como el ruido era continuo y cada vez más próximo a él, disparó dos veces sin pensarlo, dándole el Cetme un culatazo en la cara.
Esa misma mañana apareció en la puerta del cuartel, una familia de gitanos, reclamando el pago de quince mil pesetas por el burro muerto “en combate” por arma de fuego. Parece ser que el burro se enredó en las alambradas y Rambo se lo cepilló sin pensarlo.

El coronel, para bajar los griteríos de la familia, pagó religiosamente los quince mil talegos que pedían. Al día siguiente en el menú, apareció por primera vez en la historia de ese cuartel, una sospechosa “hamburguesa americana”, quedando los comedores prácticamente vacíos y la cantina llena como un vagón de metro en hora punta.
Los que comieron hamburguesa aseguraban la exquisitez del suculento plato.
Como dijo el gran maestro y califa del toreo "El Gallo": "Hay gente pa tó"

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Saludos.

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POLLO
Los fines de semana salían de permiso aquellos soldados que no tenían servicio. Por aquellos tiempos, estaba prohibido ir de paisano por la calle, así que todo el mundo salía de uniforme, incluidos oficiales y suboficiales por orden expresa del coronel. El pueblo era pequeño y los de la PM hacían la ronda con un Land Rover para ver si pillaban algún llistillo que se había quitado el uniforme.

El tema del uniforme de paseo era una pesadez en verano a causa del enorme calor que hacía. Allí a las tres de la tarde no salían a la calle ni las moscas, por lo que muchos se arriesgaban a quitarse el uniforme de romano. Normalmente a los oficiales y suboficiales no se les decía nada, si no era que algún superior te pescara in fraganti por la calle o dentro de un local. Sólo conozco un caso de un alférez que salió directamente del cuartel vestido de paisano y al regresar, el oficial de guardia no lo dejó entrar. Lo arrestaron en el cuarto de banderas por unos días.

El caso era que, eso se hacía de vez en cuando con los oficiales novatos que venían de la escuela.
El coronel también estaba metido en el asunto, creo que el sainete salió de su mente y era la novatada preferida. Al novato alférez no se le decía nada, se le dejaba salir de paisano y luego lo puteaban.

La mili pasó pronto y recuerdo perfectamente el último día a causa de un incidente patrocinado por un soldado de mi compañía. Era de Barcelona, concretamente del barrio de La Mina, barrio que en aquella época no lo pisaba ni la policía. Era un elemento de cuidado, se hacía llamar “El pollo de La Mina” y era uno de los que vivían constantemente en el borde de lo social, se hacía pasar por loco para que lo licenciaran, alegó que estaba casado y su mujer estaba apunto de tener un hijo, se le vio el “plumero” desde el primer momento, era un bocazas y le contó a más de uno que eso era falso, además la guardia civil se presentó en su domicilio para verificar el tema y pasó un informe de falsedad testimonial. Terminó en el cuartel haciendo la mili, como todos los demás.

El caso es que por la mañana, se presentó ante mi para que le dejara salir dentro de mi coche y no por la puerta principal del cuartel. Yo tenía mi coche en las cocheras desde el último permiso. Le dije que saldría al mediodía por que tenía un papeleo que resolver en las oficinas y que me esperara dentro de la compañía.

Pasé por la puerta principal por que intuía el entremés. Observé que afuera en la calle, había un grupo de gitanos reunidos armando bulla. Todos hombres de una misma familia, padre, tíos, hermanos y una sola mujer entre ellos, una joven embarazada que reclamaba la paternidad precisamente, al pollo del barrio de La Mina, según me comentó el suboficial de guardia. Así que con su permiso, después de arreglar mis asuntos (una firma pendiente), un soldado al que le di las llaves, me sacó el coche de las cocheras y ...hasta luego Lucas.

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JAMÓN
Estoy triste, de puro luto por que se me acabó el jamón, que me regaló Don Benito por Navidad.
Se me acabó el jamón por tantos cuchillazos sin medida que en las noches furtivas le metía,
por cortarlo a taquitos pensando que nunca se me acabaría, por segarlo a finas lagrimitas para prolongar su agonía colgao en mi cocina.

Te devoré vivo, jamoncito mío, como lobo alocado que no piensa en el final de su festín... y en una mañana de frío invierno gris, te me quedaste en puro hueso, como una radiografía en 3D.
Cerré los ojos pensando en lo cruel que es la vida.

Ahora sólo me queda el recuerdo de los rincones de la cocina, donde te amé a escondidas.
Ahora, procuro olvidarte comiendo sólo el pan que despreciaba, cuando tu carne era mía.
Ya sólo me queda, olisquear el puchero donde van a parar tus huesos y buscar entre los garbanzos la esencia de tu ser.

Jamón de pata negra, que en la modorra somnolencia del sofá te veo y me despierta la parienta en lo mejor de mi sueño: “Que coño haces con la mandíbula, por qué la mueves tanto !!”
Ya sólo me queda la aromatizada cuerda que utilizaré como escapulario o para colgarme del techo. Adiós jamón extremeño, siempre en mi recuerdo te llevaré.

Don Benito es el tío del cabra Ramoncín. Un señor espléndido de ochenta y pico de años que nos regala por Navidad algún detalle por ser “los amigos de toda la vida” de su sobrino, según sus propias palabras. Don Benito, me recuerda siempre a aquél magnífico actor español llamado Luis Escobar, son como dos gotas de agua, parecen hermanos gemelos. Don Benito estuvo en la Legión Francesa y después fue gerente de una compañía maderera en Äfrica central por lo que sabe más él que Napoleón.

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Saludos.

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DON BENITO
Como dije en el anterior post, Don Benito es el tío de Ramoncín.
Apareció en nuestras vidas de repente, ya que se quedó viudo y se vino al pueblo para quedarse al lado de su hermano, por que Don Benito no tiene hijo alguno aún que, según él, “Alguno tendré por el centro de África”.
Don Benito fue en su intensa juventud, sargento instructor en la legión francesa y más tarde trabajó como gerente en el Congo en una compañía maderera belga. Está acostumbrado a bregar con toda clase de elementos y situaciones que con sólo contarlo, se nos pone a todos la carne de gallina.

Don Benito manda. Manda a su hermano, manda a su cuñada, a su sobrino y a nosotros. Manda como mandaba Napoleón, con mala leche, de forma directa y sin contemplaciones. Napoleón “Le petit caporal”, Don Benito, “Le petit sergent”...y de historia, sabe más que yo!!

La primera vez que lo vimos fue en “nuestro” bar. Vino de la mano de Ramoncín que nos presentó a “su tío de Madrid” que acababa de enviudar y que había decidido quedarse una temporada con ellos.
Se sentó a la mesa, pidió un Pernot y nos acuchilló a todos: “Bueno qué, folláis mucho o sois como el maricón de mi sobrino?”.

Ramoncín hizo el ademán de levantarse pero su tío se lo impidió poniendo su mano encima de su muslo. El bisagras, como siempre, se hizo el loco y se fue a “cambiarle el agua al canario” como si de un prostático se tratara. Carlos, otro de los cabras, miraba a Ramoncín con los ojos salidos de las órbitas y con la sonrisa desencajada. Ramoncín estaba rojo como un tomate tratando de zafarse del grillete de su tío.

Puse ojos de lobo y le enseñé los dientes: “No creo que usted esté ya para esos menesteres, Don Benito pero si le interesa, le podemos acompañar esta noche para que no se pierda, tenemos una amiga que seguro que estará encantada de conocerle”. ¿”Quedamos después de cenar”?
“A la cena os invito yo y después me presentáis a vuestra amiga”, agregó sonriendo el Don.

Todos me miraron. El sainete había empezado.

Fuimos a “Los Vikingos”, un restaurante de precio medio pero, como indica su nombre, se comía a lo bestia. Por aquellos años (ahora ya no), el restaurante era prácticamente un patio al aire libre, donde los asados se hacían con troncos de madera a la vista de los comensales y era una motivación más al desenfreno culinario. Comimos “El gran asado”, una bandeja de variada y exquisita carne asada no apta para cardíacos y para beber, tragamos varios litros de sangría que nos dejaron a todos con el ánimo enfervorizado.

Don Benito no se quedó atrás, su boca era como un aserradero congoleño traído desde lo más profundo de la selva africana, era como la marabunta, arrasaba con todo. Yo, lo observaba con respeto y asombro temiendo que de un momento a otro, le pudiera dar un “Ay!,¿qué tengo?” y que se nos quedara doblao en la mesa. Pero no, Don Benito hizo gala de su “legionalidad” y terminó el pantagruélico espectáculo, tomando varios chupitos de orujo gallego “Para quemar lo comido” según sus palabras.

“Bueno, Don Benito, ahora a lo nuestro, vamos a presentarle a ….nuestra amiga” le dije, mirando a todos y poniendo ojos de lobo. Y nos acercamos dando un paseo hasta el bareto de la Malasangre que recién abría sus puertas a esas horas.
Cuando nos vio Malasangre, como vampira nocturna, nos embistió con sus mejores estratagemas de meretriz, tratando de chuparnos...la sangre fresca de nuestra juventud pero, con habilidad y perseverancia la fuimos dirigiendo a Don Benito que se la comía con los ojos, hasta que la tuvo y retuvo entre sus brazos para acabar visitando el piso de arriba.

Salimos todos corriendo de aquel antro dando gritos de guerra cheroquee, entusiasmados con el pensamiento de imaginar los picores que tendría Don Benito en sus nobles partes, tal como le ocurrió al loco del bisagras. Nos partíamos el culo de risa, diciéndole a Ramoncín que escondiera todos los sprais anti cucarachas de su casa o mejor aún, que pusiera unos cuantos en la puerta de su tío.

A la mañana siguiente, Don Benito salió de su cuarto para desayunar como siempre con su familia.
Se sirvió su café con leche y un croasan sentándose al lado de su sobrino al que en voz baja le comentó: “Cuando estaba en la legión, las ladillas se morían al chuparnos nuestra sangre”

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Saludos.

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CARLOS
Carlos es otro de los cabras. Carlos es un bohemio, un artista, una mezcla entre Picasso y Dalí, depende del día que tenga. Últimamente le ha dado por la escultura y no lo hace del todo mal, según los entendidos.
Tiene un marchante que vende sus obras en Alemania y los Estados Unidos y parece que no le va mal del todo. A veces no lo vemos en meses y cuando aparece, nos dice que ha estado exponiendo sus obras por galerías de arte de Europa.

Recuerdo que sus padres no lo tenían claro cuando les dijo que lo suyo era el arte. Confieso que yo tampoco lo hubiera tenido, pero él se emperró y se fue a estudiar a la Escuela Massana de Barcelona, una escuela de diseño y artes aplicadas.
Hace tiempo que me hizo un retrato en acuarela. Lo tengo colgado en la pared pero, si se parece algo en mi, es pura coincidencia. No excluyo que dentro de algunos años tendrá un cierto valor interesante. Lo malo es que con el tiempo ya me he encariñado del cuadro y sería como vender un hijo.
Carlos me enseñó a explorar mi vena artística pero yo era negado para esas artes. Confieso que fue por mi culpa. Cuando iba a su estudio sólo me interesaba el culo de las modelos que posaban y la hora que ellas salían del trabajo.

Un caso sin remedio...bueno, la poesía satírica, tal vez sea lo único.
Recuerdo que por allá finales de los ochenta, compuse unos versos satíricos contra el alcalde de mi pueblo que por poco me empapelan. Suerte que mis buenas artes de Perry Mason, hicieron mella en el juez de primera instancia y la cosa no fue a mayores por circunscribirse todo dentro de unos “actos culturales” de origen popular, celebrados en los festejos del pueblo...en fin, lo tenía a huevo por que Cyrano de Bergerac siempre ha sido una de las obras preferidas por mi y el alcalde...bueno, el alcalde no es que tuviera la nariz larga, si no que, lo que tenía larga era otra cosa. En fin ya os podéis imaginar. Sainetes de alcoba. Los mejores.
Fue fácil y divertido..."Vidas paralelas" como diría el viejo Plutarco.
Recordáis los ilustrados aquel pasaje donde Cyrano le dice al Vizconde de Valvert: "¿Cómo desayuna, metiendo la nariz dentro de la taza o con un embudo?"
Vosotros cómo se lo diríais al aludido. Os lo dejo a huevo, como me lo dejó mi querido Edmond y si no os viene la santa inspiración, un par de buenos besos de aguardiente arrancará el mejor sarcasmo de vuestro interior. Así me lo enseñó el cabra Carlos.

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AY, CARMELA
Don Benito tardó algunos años en abandonar la casa de su hermano, dos o tres según recuerdo.
Creo que la mala relación con su cuñada, la madre de Ramoncín, llegó a un extremo insoportable para toda la familia y finalmente tuvo que dejar el “hogar familiar”.

Don Benito, se refería a su cuñada como “La pétard minuit “, osea en cristiano: “El petardo de media noche” por que según él, en cierta noche la señora, mientras todos veían el “Un, dos, tres” y justo en el momento de decir la célebre frase televisiva de Mayra: “ Un, Dos, Tres...” sonó un aterrador cuesco en el salón comedor, proveniente de la relajada y medio-somnolienta señora de la casa, que en su desafortunada inconsciencia acabó por relajarse del todo, abriendo un repertorio de distintas tonalidades musicales con su expresivo y prolongado pedo.

Según Don Benito jamás, ni estando con los cafres de la legión extranjera, había oído semejante estruendo ni en potencia, ni en duración por lo que ni corto ni perezoso, le preguntó a su hermano si dormía con la correspondiente máscara anti-gas homologada, con lo que a partir de aquél incidente se empezaron a enfriar sus fraternales relaciones.

La verdad es que Don Benito tampoco no se quedaba corto, según Ramoncín. Parece ser que el Don, tanto en verano como en invierno, hacía incursiones nocturnas por la cocina completamente en pelotas, por que dormía como Dios le trajo al mundo y esa tierna costumbre le había acarreado más de alguna sorpresa y algún mal entendido con el personal de la casa, o sea con la sirvienta. Corría el rumor que a pesar de la diferencia de edad, los dos se “entendían” muy bien.

No era de extrañar, puesto que una vez, Don Benito nos comentó que la fama de los habitantes de ciertos países centroafricanos de “estar bien armados”, como los mandingas, viene por la costumbre que tienen cuando son pequeños, de ir completamente desnudos y no usar jamás gallumbos. Eso le había contado un legionario mandinga que, según Don Benito, era “Un gorila con dos piernas y media”.
Así que, decidió no llevar nunca gallumbos e ir desnudo en cuanto tenía oportunidad para hacerlo.
La verdad es que no sé qué pensar, pero Ramoncín confirmó el echo que su tío era un hombre bien armado, con unas dimensiones más allá de lo común entre los cristianos.

El caso fue que, cuando se le convidó a dejar la casa o mejor dicho, cuando se le echó definitivamente, la sirvienta se marchó con él y no se sabe si por solidaridad o por alguna otra cosa relacionada con la bolsa o mejor dicho, con el bolsillo de Don Benito o por las extraordinarias dimensiones que exhibía el Don con nocturnidad y alevosía.
En fin cosas de la vida. Ver para creer.

Ramoncín andaba preocupado por el asunto de su tío con la Carmela, creo que lo veía más como un peligro económico que como un asunto moral...por que, entre nosotros, la moral la justa, más bien escasa. Por otro lado, Don Benito no tenía hijos y la fortuna iría a parar a manos de Ramoncín, pero con la Carmela por medio, la cosa podía cambiar.

La diosa de la Fortuna iluminó a Ramoncín al ser el propio Don Benito quien descubrió con el tiempo la cruda realidad de la Carmela.
Nos llegó la noticia que a la fogosa Carmela le hizo tilín un mancebo de nuestra edad, unos veinte años más joven que ella y que finalmente el sufrido astado se enteró del entremés organizado a espaldas suyas.

Para engañar a Don Benito, hay que ser muy inteligente y gozar de una memoria de elefante, cualidades que no poseía la Carmela. No quiero entrar en detalles sobre este sórdido asunto, pero diré que estoy seguro que Ramoncín y el Bisagras tuvieron algo que ver en el sainete.

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Saludos.

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EL CAMINO
“Nunca podemos juzgar la vida de los demás, porque cada uno sabe de su propio dolor y de su propia renuncia. Una cosa es suponer que uno está en el camino cierto; otra es suponer que ese camino es el único”. -Paulo Coelho-

Desde que el abuelo lo ponían con una taza de cereales delante del televisor, hasta estas líneas, ha pasado toda una vida por delante de sus ojos. El abuelo ha sido un pueril niño, un extremado joven, un ponderado adulto y finalmente ha traspasado el dintel del último y complejo estado de su desarrollo.

Sin embargo, el abuelo no ha llegado a ninguna parte, sigue en su aprendizaje diario, siendo consciente desde su posición, que no hay nada nuevo bajo el Sol y que la vida son círculos concéntricos que se repiten hasta el infinito.

No se llega a ninguna parte, siempre hay un peldaño más que subir y no existe una manera fácil de hacerlo. No importa lo bueno o lo talentoso que creas ser. Si no desarrollas tu mente, si no estudias, si no trabajas duro, si no te dedicas a ser mejor cada día de lo que eres, te quedarás atrás. Así es el camino y si eres un buen guerrero, tampoco dejarás que tus errores se repitan.

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Saludos.

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ANIMAL
En otro post, os he comentado la rebelión de los animales. Si, está en marcha una rebelión animal contra los humanos. Observad, estad atentos a vuestras mascotas y veréis que cada vez os hacen menos caso e incluso algunos os pueden amenazar con sus gruñidos y no es de extrañar.

Con la crisis, les damos menos comida, menos chuches, que con los impuestos están ya por las nubes...las chuches, si, las famosas chuches que tanta risa nos dieron en su momento, además como tenemos que trabajar más horas para ganar menos, ya no nos queda tiempo para sacarlos a pasear y eso les trastorna la mente. Te miran con recelo, con la cabeza baja y las orejas hacia atrás.
Te esperan al lado de la puerta pero tu estás hecho polvo, hoy me he tirado dieciocho horas y no estoy para monsergas.

Los perros gruñen y ladran desde los balcones de las casas, por que se hablan entre ellos y están más cabreados que un mono. Si, por que los monos fueron los primeros en su infinito cabreo, de ahí la expresión popular: “Cabreado como un mono” o “Más cabreado que un mono”.
No hay nada peor que un mono cabreado, aún que el mono esté aparentemente domesticado.
Los monos domesticados son los peores. Te encariñas rápidamente con ellos, les das de todo, los vistes, les das trabajo para que se entretengan, los cuidas y hasta se sienten agradecidos, pero en el fondo, la bestia está dormida, embobada con las maracas que les damos para que bailen, abstraídos con los brillantes abalorios con los que se engalanan, entretenidos con la pelotita que tanto le gusta pero... basta un apretón más de cinturón, una vuelta más de tuerca, o un “la fiesta se ha acabado, Tito” y la bestia se despierta y tu mundo empieza a tambalear.

Yo también estoy cabreado. Pero mi cabreo es un cabreo existencial, profundo, que lo llevo encima desde hace muchos años. Empezó cuando me quitaron a Betty Boob de la tele. Maduré,
pasé de bebé tontorrón a bebé cabreado. Empecé a valorar más los hechos que las palabras, a no fiarme de nadie, a no creer en lo que me decían. De cabreado, pasé a rebelde, James Dean y Marlon Brando me apoyaban. Sólo se vive una vez, eres joven, cómete el mundo o el mundo te comerá.
Esa rebeldía me mostró el licántropo que llevo dentro, a pesar de los años aún no ha muerto. Es algo que pugna por salir, que me da fuerzas para enfrentarme a la vida. Nunca he tenido problemas, he tenido retos. Todos tenemos un animal dentro, búscalo es tu maestro.

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Saludos.

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Imagen de Abash

Que no busquen mucho que alguno podría encontrar una marmota dentro...

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GATOS
Don Benito y sus gatos. A Don Benito le entraron dos gatos en un momento de descuido o debilidad, según se mire, y los tiene de okupas. Son dos gatos callejeros, sin carnet ni pasaporte, más muertos que vivos. Dos consecuencias de la crisis, más flacos que un minero de Botswana.
Entran y salen de su casa sin permiso alguno, por el patio trasero y cuando lo hacen hay lío en el barrio. De nada le ha servido a Don Benito sus amenazas. Se acojonó el sargento legionario cuando intentó echarlos fuera, a base de escoba. Se atrincheraron en una esquina y le enseñaron sus afiladas armas ofensivas amenazándolo con espeluznantes gritos.

“Luché contra las ratas argelinas que salían por las noches desde las letrinas del cuartel y se nos querían comer vivos” me comenta Don Benito, “Pero esos cabrones los tienen más grandes que los míos”.
“Es la puta crisis, Don Benito” le digo yo riendo.
“Mansos no son, y enseguida se percataron de tu presencia arqueando la espalda y levantando la cola”, me respondió el Don.
“Es que yo, Don Benito tengo un trauma infantil con los gatos y los jodidos parecen leer mi mente”

Uno de ellos, el más fuerte e indomable tiene un ojo descalabrado por alguna pelea entre gatos.
Las peleas de gatos son terribles en amenazas, velocidad y agresividad por que en ellas se juegan la vida de sus hijos. El gato ganador mata a los gatitos del otro, el único ADN que sobrevive es el suyo. Es una destrucción salvaje y a fondo, como la de los reyes de antaño, donde moría hasta el apuntador...o sinó que se lo pregunten a los mayordomos de palacio que pasaron de ser mayordomos a reyes...interesante.

Por la noche hay jarana en el barrio. Los vecinos están hasta el moño y denunciaron a Don Benito que ya no sabe qué hacer. Me pide ayuda el veterano sargento por que sabe que poseo una vieja carabina, pero mi sangre asesina hace muchos años que se coaguló, cuando liquidé al último de los conejos sin suerte al que le acompañaron algunos caracoles en su evangélico funeral. Además, yo no como gatos.

Saludos.

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